14 de octubre de 2012

Acompañar en el camino...








Uno de mis mayores referentes en la psicología es Guillermo Borja,  Sus escritos revelan la capacidad de cura que tiene la honestidad, transparencia y la autenticidad dentro del proceso terapéutico, dentro de la relación terapéutica y en consecuencia en el en resto de relaciones, especialmente en la relación con Uno Mismo. Les dejo un bonito extracto de su libro "La locura, lo cura" de la Editorial la Llave.


"La autenticidad es no cambiar lo que uno es y acotar lo que uno tiene. Es la capacidad de manifestarse tal y como se es, sin ocultamientos. Lo auténtico es y tiene valor.
La autenticidad no es tratar de ser mejor. Esto es sentido del deber, es una obligación, es una orden, una fachada.
La verdadera autenticidad es mostrarse, sin juicio, sin temor a ser descalificado.
Para poder alcanzar esto uno tiene que trabajar mucho, como paciente, no como terapeuta. Porque no se trata solo de mostrarse. Así cualquier descarado sería un ser auténtico. No hay que confundir y creer que se debe mostrar la verdad hasta el escándalo. Quienes dicen esto están menos interesados en lo primero que en lo segundo. Hay que decir la verdad sin escandalizar.
No puedo hacerle creer a mi paciente algo que yo no creo. Si yo no conozco un proceso, si yo no lo he hecho estoy cometiendo un fraude contra el paciente. El terapeuta se avergüenza de mostrarse humano, conflictivo, irresuelto, desvalorado, edipiento, bisexual, homosexual, heterosexual o con el problema que sea. Tiene terror de ser persona frente al paciente....
La verdadera preocupación y responsabilidad del terapeuta es hacer bien su trabajo.
Es importante decir: vamos a trabajar. Porque es un trabajo, un esfuerzo, una tensión. Debe haber una continuidad y una conciencia de que los trabajos quitan espacio, quitan distracciones. El trabajo es esfuerzo constante y capacidad de vivir cada instante con conciencia.
Hasta que esto se convierta en un estilo de vida y esa te permita vivir bien. Hay ciertas deformaciones en los terapeutas que les impide dejar que los pacientes toquen fondo. Se intenta no conflictuar más al paciente y sacarlo de su sufrimiento. Esto es muy negativo. Hay que tocar fondo. Hay que ir hacia el lugar de donde quiere huir. Y la única forma de tocar fondo es sucumbiendo a las tentaciones. No se pueden superar los obstáculos huyendo de ellos o negándolos. Hay que sucumbir al miedo y a lo que consideramos malo. Hay que volvernos malos, mas enfermos. Tenemos que meternos al pantano.
Hacemos muy poco trabajo de calvario con conciencia. No es que no hayamos sufrido en la vida, pero lo hemos hecho de manera inconsciente y por eso no hemos obtenido resultado. Toda esta problemática es una proyección del terapeuta, de los conflictos que no tiene resueltos, pues se ha dedicado y se ha distraído en la sintomatología e interpretación de sus propias conductas, pero no se ha involucrado con lo que hay detrás.
Hay que ir al fondo del océano, hay que ahogarse y no andar con flotadores. Hay que aprender a confiar en la tempestad. Hay que hundirse, flotar, ahogarse y salir. Hay que renunciar a la salida mientras no se haya llegado al fondo. Sino no se resuelve nada. Hablo de resolver, no de cambiar conductas. Es necesario llegar al núcleo, a la esencia del conflicto, para poder conocer y elegir con libertad.
Entender no es mas que enmascarar el problema, racionalizándolo. Hay que revivenciar el origen del conflicto, regresar al pecado original. La vivencia tiene un contenido mas profundo, es la experiencia de revivir de volver a abrir y de quitar toda la piel. Es un quedarse con la verdad que hay ahí, no con la interpretación mental. La solución está en la experiencia misma, en jugar al riesgo de profundizar en uno mismo. El pensamiento no resuelve, porque el problema no se originó con un pensamiento, sino con una experiencia, con una vivencia, con una palabra o con el impacto de una presencia que nos marcó. Lo mas importante es la impecabilidad, poder estar abierto y presente en el instante, suceda lo que suceda, tanto si es placentero como si es adverso.
Hay terapeutas que se vuelven maniáticos de los cursos, para mejorar sus defensas. No niego la importancia de los conocimientos. Me refiero a aquellos que se paralizan si no van al curso, que esconden su poco desarrollo personal en la adquisición de mas y mas información. Pero la base de todo es el desarrollo como persona. Si uno no tiene un mínimo de diez años en ese camino, va a deformar cualquier técnica que reciba. Las técnicas han sido desarrolladas por quienes han culminado un desarrollo personal. Un terapeuta que no haya avanzado en ese camino cuanto mas se entrene: peor. Terminará subdesarrollándose: poco crecimiento interior y megalomanía de desarrollo exterior. El crecimiento tiene que ser simultáneo, coherente. Sino las técnicas van a ser asimiladas de forma mecánica. La técnica es insensible, lo que vivifica es el desarrollo personal del terapeuta. La técnica funciona si el terapeuta está plenamente vivo. Ahí tienen éxito las técnicas, porque el terapeuta las ha aplicado primero en él mismo, las ha vivenciado y ha tenido una experiencia que trasciende lo mental, lo emocional.
Repito: un terapeuta sin trabajo personal es un robot, un enfermo mas, alguien que va a llevar a nada al paciente. La base de una teoría, de una técnica, de una escuela, es la experiencia.
Hay momentos en que es necesario descender al pozo oscuro, a lo indeseado, a lo temido, al odio. Teniendo presente que un proceso terapéutico consiste en revisar toda la historia del
paciente, tenemos que enfrentarnos al odio no tratado, no visto, no reconocido, y por tal, no aceptado.
Es muy fácil transferenciar en forma positiva, hablarle bonito al paciente: es mas fácil no contradecirlo y darle cuerda, seducirlo mas que conflictuarlo. Pero el paciente tiene que pasar por el conflicto, aunque jamás quiere entrar ahí. Porque si las figuras que tuvo en esa posición, le fueron amenazantes, es obvio que su única relación positiva será con el terapeuta. Hay que trabajar sin la amenaza, sin decir nada, sin convencer al paciente argumentando que toda persona tiene que entrar en un proceso de transferencia negativa. Porque eso es una seducción.
Nadie puede entrar en ese proceso con lógica, siendo razonable, puntual y justo. Uno tiene que ser injusto con el paciente, no por maldad, sino para procurar el contacto con el odio. Si quiero trabajar la transferencia negativa tengo que buscar y provocar situaciones de crisis. Pero no una crisis planeada, basada en una estrategia terapéutica, que terminará fracasando. Hay que llegar desde la forma de ser del terapeuta, desde el desquiciamiento mismo del terapeuta.
Si esto se logra, el riesgo es quedarse sin el paciente. Lo cual es una gran amenaza, junto con ser odiado y que se hable mal de él. Esto es una mala propaganda, es echarnos enemigos de antemano. La reputación, la imagen se deteriora. Así son muy pocos los terapeutas que quieren trabajar la transferencia negativa. Simplemente ellos no la tiene resuelta. Resolver no es
hacer ejercicios de abandono, es vivenciar la amenaza de la pérdida total del objeto amado.
Para que haya una buena transferencia negativa es necesario partir en la honestidad en lo que siento. En este tipo de trabajo: la verdad es la terapia.
Si el paciente está inmóvil, en proceso de demanda pasiva, yo tengo que sacudirlo y abofetearlo. Lo digo en sentido real y no figurado. Tengo que entrar en situaciones que la psicología tradicional considera humillantes. No es posible llegar al odio con simples ejercicios.
Trabajar la transferencia negativa es atravesar el miedo, perder lo amado. Aquí no hay un perdedor sino dos, la amenaza es por partida doble......
Cuando se da una transferencia negativa, se puede estar dando una contratransferencia negativa inconsciente por parte del terapeuta. ¿Cómo es posible que un paciente así me ponga en crisis?. Simplemente el paciente le recuerda su problemática irresuelta, cada vez que
se le acerca de una forma determinada. Entonces entre menor sea el nivel de resolución, mayor será el alejamiento. No es fácil entrar en lo obvio, entrar en la pérdida. A mí, lo único que me ha servido, en estos casos, es ser honesto y actuar con libertad, libre de resentimiento, porque no es una estrategia para joder.
Sólo que hay que pasar por ahí, es una parte del camino, no hay otra posibilidad. Son estados que hacen parte de la condición humana y no es posible negarlo.
El desarrollo de la persona es psicológica, social, cósmico, natural, pero congruente con una cronología, por eso no se puede saltar ninguna etapa. Saltarse una equivale a fijación, Querer evadir la trampa crea un conflicto..........
Yo como persona no acepto de nadie nada que no sea directo, sea en la relación que sea. A mí no me asusta ninguna posición, creo que cada quien tiene derecho a ser como es. Ese derecho me lo otorgo yo. Mis maestros me lo otorgaron a mí. Lo que no acepto es que lleguen a mi con su mecanismo de defensa puesto, no acepto que me gratifiquen gratuitamente, me molesta la seducción barata. Ser paciente no otorga derecho de sobreprotección, ni disculpa; si quieren jugar vamos ha hacerlo, pero jugaremos póquer abierto, vamos a manifestarnos como somos, para alcanzar el nada fácil nivel de transparencia.
Para esto hay que reconocer que el otro tiene derecho de responder como puede y como quiere. No hay que entrar en un proceso de interpretación, porque es un mecanismo de defensa.........
Tiene que quedar claro que hay que provocar la transferencia negativa.
Querámoslo o no el objeto amado también es odiado. Aceptémoslo o no, pacientes y terapeutas en proceso de maduración, del amor tienen que pasar por la libertad de decir, te amo y te odio.
Tiene que vencer la amenaza. No se dan las transferencias negativas por temor a la pérdida, pero uno debe expresar el resentimiento hacia lo mas amado, pues cuando no se expresa, surge de manera mas dañina y se cumple la amenaza del abandono. El proceso terapéutico de la transferencia negativa es darse la libertad de expresar y decir, aunque se pierda lo amado. Me dolerá y sufriré. Pero tengo la capacidad de amar, de amar a otros. Así logra uno neutralizar los fantasmas. Y uno se otorga el derecho de querer cuantas veces uno quiera.
Creo que la transferencia negativa se puede apuntar en ese derecho de querer, siempre que uno quiera. Uno no vino a querer una sola vez, a querer a una sola persona. Uno tiene que estar donde y con quien lo quiera a uno. No estar viviendo donde lo apaleen a uno, con quienes lo destruyen a uno. Lo demás son tabúes sociales cuyo trasfondo es la posesión, que vuelve esquizoide al ser humano. Hay que lograr la capacidad de estar donde se quiere, con quien se quiere, el tiempo que se quiere, y poder irse cuando uno quiere, lo cual no es una tragedia."