28 de octubre de 2012

El amor es química



Aunque a muchos románticos les cueste aceptarlo, es el cerebro y no el corazón el que hace que nos enamoremos. Pero… ¿como? a lo largo de este post revelaremos las 3 fases “clave” del amor, y respuesta a multitud de sensaciones que nos ocurren.


El amor es química

De pronto, en una fiesta entre la multitud descubres a la mujer de tu vida. Una simple mirada, un roce casual o una voz penetrante pueden hacer saltar la chispa del amor. Lo sabes porque el corazón se te sale del pecho, en el estómago te revolotean mariposas, transpiración excesiva o sonrojamiento constante así nos lo hacen ver. Pero, ¿nunca te has preguntado por qué estas manifestaciones son similares a cuando estamos estrésados?
Pues los científicos sí se lo han planteado y han averiguado el porqué: han convertido al cerebro y las hormonas que segrega en el gran protagonista del amor.


Dopamina, la causante del enamoramiento

Investigadores de la Universidad de Rutgers, Nueva Jersey (EEUU) han estudiado los cerebros de 17 hombres y mujeres que estaban en fase de enamoramiento. El experimento consistía en mostrarles fotografías de los “seres amados”. Después de distraerlos con varias tareas, les mostraron imágenes de personas neutrales. ¿Resultados?:
Se produjo un aumento en la actividad de las áreas del cerebro relacionadas con la energía y la euforia, en el lado derecho, donde se concentran niveles más altos de dopamina.
La dopamina es la sustancia que produce sentimientos de satisfacción y de placer y, por lo tanto, la causante del enamoramiento.
Otros investigadores, como Michael Liebowitz y Anthony Walsh, han identificado, además,  otras dos sustancias químicas relacionadas con el amor: la feniletilamina y la ocitocina.
Y es que (romanticismos fuera) el amor apasionado únicamente se reduce a la producción de estas tres sustancias químicas del cerebro.


Las etapas químicas del amor

Reducido el amor a sustancias químicas del cuerpo, la Dra. Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers y autora del libro The Anatomy of Love, divide en tres las etapas del amor:
  • Atracción sexual. Predomina la testosterona, por lo que prima el deseo sexual.
  • Amor pasional u obsesivo. Predomina la dopamina y la norepinefrina, con lo que estamos en la etapa de euforia y de romance.
  • Vínculo. Predomina la ocitocina y la vasopresina, por lo que se evoluciona hacia una relación apacible, duradera y segura.
Mantenerse en las dos primera etapas del amor es el gran reto de cualquier pareja.

Pasión con fecha de caducidad

Si se ha conseguido medir el amor a estos niveles, es fácil suponer cuándo se acabará la pasión. Después de entrevistar a 5.000 personas de 37 culturas diferentes, la profesora Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell en Nueva York (EEUU) afirma que “los seres humanos se encuentran biológicamente programados para sentirse apasionados entre 18 y 30 meses“.
De nuevo, el culpable es el cerebro. Y es que desarrolla una tolerancia especial a la feniletilamina, que hace que el estado de excitación y euforia disminuya con el tiempo.
La locura de la pasión del primer momento se desvanece gradualmente en favor de sentimientos más emocionales y afectivos, gracias a que aumenta el protagonismo de otra sustancia química: la endorfina.
Parecida a la morfina, tiene la cualidad de generar una sensación de seguridad, tranquilidad y paz. Y esto es lo que nos hace mantener relaciones por largos años… para quienes logren adecuarse a los nuevos cambios.


Mujer emocional, hombre sexual

Que en el amor las mujeres sienten de diferente forma de diferente forma que los hombres lo sabemos, pero, para que no hubieran incertidumbres, los científicos nos lo han demostrado empíricamente.
El estudio de Rutgers encontró que, mientras que los cerebros femeninos mostraban respuestas más emocionales frente a los mismos estímulos, los cerebros masculinos revelaban actividades en áreas más relacionadas con la excitación sexual.
Y es que en nosotros aún perduran con arraigo las conexiones primitivas que condicionaban el enamoramiento a la necesidad de la reproducción.


Enfermos de amor

Gracias (o por desgracia) a los científicos, la expresión becqueriana “enfermo de amor” deja de ser un mero recurso metafórico para convertirse en una realidad. La falta de apetito, el insomnio, las obsesiones, la falta de concentración, etc. causadas por un amor obsesivo, nos vienen a demostrar que algo no marcha bien en nuestro cuerpo.
Para la Dra. Donatella Marazziti, psiquiatra de la Universidad de Pisa (Italia), las personas “enfermas de amor” realmente, lo están. ¿Diagnóstico? La pasión tiene las mismas reacciones que el trastorno obsesivo compulsivo. “Ambos estados están asociados a bajos niveles cerebrales de serotonina, una sustancia química fabricada por el cuerpo que nos ayuda a lidiar con situaciones estresantes”, afirma la doctora.
La doctora va mucho más allá, afirmando que las bebidas alcohólicas también disminuyen los niveles de serotonina en el cerebro, creando la ilusión de que la persona que se encuentra en la otra punta del bar es el amor de tu vida.


Más allá de la química

Pero, a pesar de todas estas investigaciones y descubrimientos, los científicos todavía no han conseguido averiguar por qué se modificaron nuestros genes. El momento de la evolución en el que el amor se dejó de asociar con la procreación, y hombres y mujeres dejaron de verse como meros instrumentos reproductores para adentrarse en los avatares del mundo del corazón.
Y es que, por encima de tubos de ensayo, sofisticados laboratorios y complejas reacciones químicas, hay algo más allá capaz de convertir el amor en el sentimiento especial que pinta el mundo