29 de octubre de 2012

Los miedos cómo trabajarlos...







¡Atrevámonos a sentir el miedo! ¡Hablemos con él! ¡Hagámoslo nuestro mejor aliado! “Cuando tengas miedo, ¡asústate! ¿Para qué crear una dualidad? Cuando se presente la ocasión de tener miedo, ten miedo, tiembla de miedo y deja que el miedo se apodere de ti.
Cuando aparezca el miedo, tiembla como una hoja agitada por el viento. Y será maravilloso. Cuando haya pasado, te sentirás tan sereno y tranquilo como cuando se aleja una fuerte tormenta dejándolo todo tras ella tranquilo y sosegado. ¿Por qué andar luchando siempre contra algo? El miedo aparece, pero es natural,completamente natural. Es imposible imaginar un hombre que no tenga miedo; estaría muerto. El miedo forma parte de tu inteligencia, no hay nada malo en ello. El miedo demuestra simplemente que la muerte existe y que los seres humanos pasan aquí unos instantes. El temblor indica que no vamos a quedarnos aquí para siempre, que no nos vamos a quedar eternamente; apenas unos días y ya nos habremos marchado. Admite el miedo. Solo debes tener en cuenta una cosa: cuando admitas el miedo y tiembles, obsérvalo y disfrútalo, pues observándolo lo trascenderás. Veras que el cuerpo está temblando y que la mente está temblando, pero descubrirás n punto en tu interior, un centro profundo, que permanece indiferente. La tormenta se aleja, pero en lo más profundo de ti queda un centro inalterado; es el ojo del huracán” (OSHO)

  INTIMANDO CON TU MIEDO. 

¿A qué tienes miedo? , ¿miedo a crecer?, ¿miedo a sentir?, ¿miedo a aceptar responsabilidades?, ¿miedo a abrirte?, ¿miedo a la soledad?, ¿miedo a ser tú mismo? Todas las personas escondemos algún resquicio de miedo el fondo de nuestro interior. Unas veces lo tenemos detectado, lo vemos claramente y sabemos ponerle un nombre. Pero en otras tantas ocasiones, tan sólo contamos con una sensación que nos produce malestar e incomodidad, pero que no sabemos como llamar. Y si alguien nos pregunta, “¿pero qué es lo que te pasa?”, decimos “no sé, pero estoy raro, hay algo dentro de mí que me produce una sensación bastante incómoda, estoy intranquilo, como tenso, asustado, pero en realidad, no se lo que es”. Como hemos dicho algunos miedos los tenemos a flor de piel y se encuentran en la superficie, ya los concomemos de sobra, son como amigos nuestros que nos acompañado durante prácticamente toda la vida. Pero otras veces nuestro miedo se encuentra soterrado, escondido bajo capas y capas, que hemos ido colocando encima de él, muchas veces de forma inconsciente, para taparlo y que no nos haga daño. Nosotros lo enterramos en lo mas hondo de nuestro SER, como si al dejarlo allí guardadito, ya no nos fuéramos a acordar de que existe y ya no nos fuera a molestar más. Pero aún encontrándose en las aguas del olvido, flotando a la deriva, ese miedo está presente y tiene algo que decirnos.
cuenta algo sobre nuestra vida, sobre algún hecho pasado que dejó una huella profunda en nosotros, y nos hemos dedicado a ignorar. Pero nuestro miedo, no se olvida de esos hechos, porque los sigue teniendo presente, porque nos sigue causando malestar. Y él quiere que los identifiques, que los reconozcas y los saques al exterior para poder luz en ellos y poder sanarlos y sanarte a ti mismo. Ejercicio: Conectemos con nuestros miedos. En este ejercicio, nos vamos a permitir hacer algo qua ya pocas veces nos damos el permiso de hacer. ¿De qué se trata? Pues se trata de SENTIR. Si, así es, nos vamos a concentrar en nosotros mismos y vamos a dar permiso a nuestro cuerpo, a nuestra mente, y a nuestras emociones, para que se expresen con total y absoluta libertad. Paso 1: A esta técnica se la conoce como “la Técnica de las 40 respiraciones” Nos va a ayudar a conectarnos con nuestro centro y con nuestro cuerpo, a que podamos relajarnos y destensarnos, para permitirnos sentir en toda su expresión todas las sensaciones, recuerdos y sentimientos que lleguen a nosotros. Pues bien, nos acostamos en un lugar cómodamente, puede ser la cama o el sofá, si no te es posible, realízalo en una silla en la que estés cómodo y con la espalda pegada al respaldo. Para realizar este ejercicio, vamos a proceder a contar 40 respiraciones.
La secuencia es la siguiente: cogemos el aire por la nariz, de forma lenta y gradual, notamos como al inspirar hinchamos el abdomen, realizando así una respiración diafragmática, y sin retener el aire,
procedemos a soltarlo también expirando por la nariz, mientras mentalmente decimos “unoooo”. Con cada respiración que hagamos, iremos notando como se ralentizan las respiraciones, siendo cada una de ellas más largas y graduales. Mientras vas realizando las respiraciones, puede ser que lleguen a tu mente, recuerdos, pensamientos, imágenes, no te preocupes, tú dales cabida, pero sin desconectarte de tus respiraciones. Irás notando como todo tu cuerpo se relaja y se destensa. Como tu abdomen cada vez se hincha un poco más. Notas como entra ese aire que te purifica, llenándote de vitalidad y sacas al exterior todo el aire viciado de las tensiones que habías ido acumulando a lo largo del día. Cuando llegues a las 40 respiraciones, quédate tranquilo, sereno, sin moverte del lugar donde te encuentras. Tan sólo dedícate a sentir. Paso 2: Sintamos nuestro interior. Durante nuestra vida, aprendemos a utilizar la tensión como escudo para protegernos. Por lo tanto, ahora que hemos conseguido bajar nuestro escudo protector, podemos colarnos por esa ranura y tratar de investigar que se encuentra dentro de él. En esta práctica, tan sólo nos vamos a dedicar a sentir, a observar que tipo de emociones y de sentimientos llegan a nosotros y en qué zonas de nuestro cuerpo se manifiestan.
Quizás sintamos que hay lugares de nuestro cuerpo, que no se expanden y no se destensan. En esas ocasiones con suavidad, dirige
la inspiración hacia esos lugares para sentir de forma más intensa que se esconde dentro de ellos. Por lo tanto, ahora que ya estamos relajados y tranquilos, ha llegado el momento de que conectemos con nuestro miedo o miedos. Podemos tratar de conectar con un miedo que tenemos detectado y reconocido, o simplemente dejar que afloren nuestros miedos sin ningún tipo de guía preestablecida. Piensa en esos miedos, siente esos miedos, esos miedos que te causan malestar e insatisfacción y conecta con ellos. Realiza las siguientes “preguntas de poder”:
• ¿Qué sientes? No tengas miedo, ahora estás a salvo, por lo tanto permítete sentir.
• ¿Qué emociones te provoca?
• ¿Qué sentimientos llegan a ti?
• ¿Se expande de la misma forma en todas las zonas de tu cuerpo?
• ¿Hay lugares de tu cuerpo donde sientes esas emociones o sensaciones con mayor intensidad? ¿o de distinta forma?
• Tan solo, permítete sentir.
• ¿Qué ocurre en tu cuerpo?
• ¿Qué quiere ser dicho, oído o hecho?
Quédate tranquilamente conectando con esas emociones y sentimientos que llegan a ti, que hoy deciden expresarse en ti, porque tu les has otorgado la libertad para que hablen, para dejarse ser, porque hoy tú has decido escucharles.
Tómate el tiempo que necesites. Conectando con tu cuerpo. Paso 3: Redacta esas emociones y sentimientos. Tras haberte permitido entrar en tu sentimientos y emociones con libertad. Tras haber dejado hablar a tu cuerpo y corazón. Ahora toca que recopiles la información que te ha llegado. Redacta en tu cuaderno, las emociones que han ido llegando a ti, cómo ha sido su transcurso y su intensidad, si de expresaban de igual forma en todas las zonas de tu cuerpo. Habla también en tu cuaderno, de los sentimientos que has ido teniendo a lo largo de la conexión. ¿Qué te provocaban esos sentimientos? ¿Cómo te hacían sentir? ¿Te conectaban con recuerdos o hechos pasados? ¿Llegaba a tu mente alguna imagen? Escríbelo todo, con absoluto detalle, para poder recordar y conectar con ello, cuando necesites indagar un poco más.

Fuente : Extracto tesis Helena Ramos Mira .Terapeuta transpersonal