18 de noviembre de 2012

Superar una ruptura de pareja

 

Deja marchar lo viejo y disponte a recibir lo bueno

Atrévete a cambiar

La Vida es un continuo flujo de cosas, situaciones, relaciones… todo va y viene, como una constante oportunidad de cambiar o mejorar las situaciones. Si pretendemos llegar a tener una vida más próspera que la que hemos tenido hasta ahora, más próspera en todos los sentidos que cada uno le quiera dar a esta palabra, una vida más llena y más rica de bienes, entonces es necesario crear un nuevo espacio en nuestro corazón y en nuestra mente. Para que ocurra la felicidad y todo lo nuevo es necesario sanar patrones antiguos y pensamientos que no son propios ni positivos. Hemos de dejar primero que salga lo viejo para dar cabida a algo nuevo y por cierto, fantástico para nosotros. 
Las cosas, las creencias, las necesidades, como todo lo que vive, se transforman, vienen y se van. A esto se le puede llamar, evolución. Si retenemos lo que se ha de ir, entonces estamos impidiendo el cambio, impedimos que llegue lo nuevo. Estamos estrangulando nuestro crecimiento personal, nuestro bienestar natural e imprescindible a nuestra felicidad cotidiana.

La Vida es un continuo flujo de cosas, situaciones, relaciones… todo va y viene, como una constante oportunidad de cambiar o mejorar las situaciones. Si pretendemos llegar a tener una vida más próspera que la que hemos tenido hasta ahora, más próspera en todos los sentidos que cada uno le quiera dar a esta palabra, una vida más llena y más rica de bienes, entonces es necesario crear un nuevo espacio en nuestro corazón y en nuestra mente (limpiando y sanando) para que estos operen los cambios deseados.

¿Por qué deben ser reemplazadas nuestras falsas creencias del pasado, sino para permitirnos una nueva evolución? Sólo una nueva actitud, más amorosa y más lúcida hacia nosotros mismos, puede ayudarnos a identificar lo que ya no nos conviene. La relectura atenta del dictado siempre deja aparecer claramente las faltas. Elegir darse tiempo en lugar de criticarse y exigirse constantemente, es el único modo de efectuar verdaderos cambios en nuestra vida cotidiana. Uno se convierte en lo que piensa de sí mismo y en lo que hace consigo mismo. La impaciencia y el perfeccionismo sólo aumentan los obstáculos y las sensaciones desagradables de que uno no vale, de que nunca llegará, dándole así la razón al pasado. ¿Quién no ha aprendido a aferrarse al pasado? ¿Quién se atreve a salir de sus ataduras y a sanar su vida sin sentirse culpable inmediatamente, creyendo que eso es un comportamiento egoísta, que va contra la educación o los esfuerzos de sus padres?

Aferrarse así al pasado, por temor a no saber ya quienes somos sin la mirada o la aprobación del otro y por temor a tener que re-construirse sin otro modelo que el de nuestro propio corazón y juicio, después de haberlos abandonado tanto tiempo, es cortar con el flujo natural de todo lo bueno que tenemos derecho a vivenciar. Estancados en este tipo de comportamiento, bloqueamos y así impedimos que lo que más nos llena y hace felices se pueda producir, culpando siempre a la vida y a los demás. Nos convertimos en víctimas. ¿Qué tipo de felicidad experimenta una víctima? La comodidad y la costumbre, a las que se somete una persona víctima de su propia falta de autoestima y coraje, son las que la atan por ejemplo a su pareja desenamorada. Pero por mucho que se esfuerce en ese papel, siente y sabe que no puede reemplazar el sentimiento verdadero de amor que hace que uno se sienta real y verdaderamente feliz.

El amor no se entrega a los juegos de la mente humana, no cambia para complacer a la mentira, hija del miedo, sólo sabe Ser lo que Es, alegría pura. Negarse la posibilidad de amarse y amar, no sólo es negarse a sí mismo, sino también negarse al otro y a los demás. Al aferrarse a una relación de pareja ya obsoleta, al no soltarla, estamos impidiendo que la persona adecuada llegue a nuestro lado o dirigirnos al suyo. Sí, nos convertimos en el obstáculo principal a nuestra propia felicidad. No nos estamos autorizando lo más natural del mundo, nos negamos a involucrarnos de corazón, nos prohibimos sentirnos plenamente enamorados, nos excluimos de la lista de los amados.

¿Cuántas veces habremos oído: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer? Esta es la creencia y el dicho de una persona que no confía en la Vida, que se da la espalda y se la da también a todo lo que es el amor. Por miedo, no se atreve a ser feliz ni deja que los demás lo sean; de ese modo no le recordarán que ella no lo está siendo.

Una persona que ignora y que no lucha por la prosperidad en su existencia, es una persona que cree no merecer lo bueno, ni poco ni mucho, pero que sí le otorga toda su fuerza de voluntad y sus creencias a lo que otros, que han sido sus modelos de educación en el pasado, le enseñaron desde su propios miedos . Gracias a la vida, no podemos impedir que la existencia fluya segundo tras segundo por nuestras venas y latido tras latido por nuestro corazón, pero sí que podemos elegir aliarnos con ella y cortar con las cadenas dolorosas del miedo y de la ceguera que constituyen nuestro pasado. Nada tiene suficiente importancia como para destruirse si uno no quiere. Nada sino el amor merece que le regalemos nuestra única vida aquí en esta tierra. Los cambios importantes surgen de la nueva disposición a actuar desde nuestro corazón, contando solo con Él.

La Vida es una fuente inagotable de bienes a nuestra disposición, y para disfrutar de ello sólo necesitamos aceptarnos como seres humanos en evolución y aprender de nuestra esencia amorosa.

ATREVETE A CAMBIAR LAS CREENCIAS QUE TIENES Y NUTRES SOBRE Y PARA TI MISMO.

Esto es un primer paso de sanación de tu mente negativa, torturada o equivocada, un paso tan eficaz como sencillo. ¿Quién ha visto o comprobado por mucho que lo intente que la felicidad se halle en lo complicado?

“Fluyo con la Vida y ahora me autorizo a gozar de su belleza” “Soy uno y la misma cosa con el próspero poder del Universo”

No te convenzas diciéndote estas frases frente a ti mismo, mírate a los ojos y haz lo que puedas por sentirlas al escuchar el eco de una realidad olvidada pero que siempre estuvo ahí, como el sol detrás de las nubes, esperando a que la re-encontraras y la sacaras a la luz de tu cotidiano. No dudes de que cuando la mente habla desde el corazón su poder se muestra pura y simplemente inigualable.

Si le preguntases a la gente si desea ser feliz, la mayoría te contestaría: Sí, por supuesto. Pero, ¿acaso están dispuestos a cambiar sus actitudes y creencias hacia ellos mismos para empezar a serlo? Para que ocurra la felicidad y todo lo nuevo es necesario sanar patrones antiguos y pensamientos que no son propios ni positivos.
Muchas personas intentan relajarse y meditar empleando una serie de técnicas y ejercicios aprendidos. A la mayoría les resulta muy difícil, y el efecto no es duradero. Pero, ¿cómo dejar que la relajación entre, si estamos llenos de rabia, rencor, tristeza… por mucho que nos convenzamos?

Si la felicidad tuviera una sola exigencia sería algo así como: “Haz en ti todo el vacío que puedas, vacía tu saco interior de todas las creencias impuras o perfectamente negativas que hasta ahora has considerado como imprescindibles en tu vida. Yo necesito todo tu espacio interior para manifestarme libremente y que tú me puedas sentir sin más interpretaciones o convencimientos inútiles” Hemos de dejar primero que salga lo viejo para dar cabida a algo nuevo y por cierto, fantástico para nosotros. Pues ningún cubo que esté lleno de barro se podría llenar más aunque sea de agua y esperar obtener un resultado límpido.

Cuántos de nosotros no estamos a gusto en nuestro puesto de trabajo, pero no nos atrevemos a buscar otra cosa que nos convenga mejor y nos haga sentir más felices o menos asfixiados por miedo, por falsa comodidad, por falta de confianza en nosotros mismos, pero también por creencia inocente y un poco cobarde de que la vida es quien se tiene que encargar de este cambio. Si tú no dejas marchar lo que ya no te sirve o te aburre ¿cómo podrá llegar lo bueno a tu vida?

Responsabilizarse de uno mismo es el único camino conocido para sentirse vivir sin decepcionarse jamás de lo que otros quieran o puedan darnos o no. Elige deshacerte de ese comportamiento, muy sutil, que se llama mendicidad y que nos cuesta tanto identificar en nuestros gestos cotidianos. Disponernos a recibir es deshacernos de todo lo viejo e inservible, ya sean objetos, costumbres, creencias, comportamientos que obedecen a la posesividad y el apego más que a la generosidad y el desapego.

Experimentar lo bueno y la bondad, gozar de la belleza, se ha convertido en algo difícil porque nuestras mentes han sido educadas para creerlo y hacerlo así. Pero, gracias a la vida misma, por muy grandes que se hagan las nubes, nunca podrán eliminar al sol. Un comportamiento no puede borrar a una realidad esencial como sería por ejemplo, el vivir sintiendo gratitud hacia la vida, hacia uno mismo, hacia el planeta que nos nutre y hacia el Universo que nos contiene. Seguir el flujo de la vida es un acto natural, pues la Existencia no tiene nada que ver con nuestras creencias negativas, con nuestra educación más o menos restrictiva de simples humanos (aún no despiertos a la belleza de su existencia) ni con nuestras reacciones más o menos egoístas.

DAR UN PRIMER PASO PARA EMPEZAR A SANARTE

Seria por ejemplo:

Hacer una limpieza a fondo de nuestra casa, para empezar a darnos cuenta de quién somos y de cómo reaccionamos ante la elección de soltar, de deshacernos aunque sea del más pequeño objeto. Soltar aunque sea nuestra primera muñeca o nuestra primera pistola es un acto totalmente liberador. Los armarios y trasteros suelen estar llenos de cosas que guardamos “por si acaso”. Lo curioso es que normalmente cuando llega esa ocasión de usarlo, si es que llega, o bien no nos acordamos de ello, o bien, ya no nos apetece usarlo. ¿Por qué no regalar o vender todo lo que no nos hemos puesto en un año? Todo lo que no nos sirve, puede servir a otros. Si no puedes pensar en alguien a quien regalárselo, en todas las ciudades hay centros u organismos que se encargan de darle un uso a las cosas de segunda mano.