20 de febrero de 2013

lOS JUEGOS DE PODER: EL CHANTAJE EMOCIONAL Y EL TRIANGULO DRAMATICO.





Los juegos de poder se pueden ejercer desde la sutileza o desde la total imposición. Se realizan haciendo uso de la fuerza o haciendo uso de la psicología mediante herramientas como el miedo, la amenaza, la intimidación o el chantaje emocional. Se encuentran en nuestras relaciones personales y en nuestro entorno de trabajo. Están presentes el mercado a través de todas esas actividades que intentan dirigir nuestra atención y nuestro deseo hacia diferentes productos o servicios. Los puede detectar en el ruedo político donde se utilizan todos los días para impulsar las medidas, propuestas y acciones que cada una de las formaciónes intentan sacar adelante. Incluso aparecen en nuestra sociedad, donde encontramos formas de opresión de unos grupos hacia otros desde las más sutiles hasta las más dominantes.
Establecemos juegos de poder desde la escasez, cuando explotamos el miedo que tienen los demás a verse privados de las cosas que necesitan, a encontrarse en una situación de extrema necesidad. También lo hacemos desde la intimidación, utilizando el miedo que los demás tienen hacia la violencia. La mentira es también un recurso para abusar del poder en la medida que utiliza la culpabilidad y el temor a la confrontación que tiene la persona manipulada. También podemos ejercer el poder desde la pasividad, utilizando la no acción o la omisión para ejercer nuestro poder sobre el otro.
Steiner enumera los diferentes juegos de poder en los que partipamos las personas, muestra las pautas para reconocerlos y define algunas posibles respuestas desde la colaboración.
Si detecta que alguien está utilizando un juego de poder para que usted haga algo que no quiere, o deje de hacer aquello que quiere, puede actuar de diferentes formas. Puede reaccionar con otro juego de poder aún mayor, e iniciar una escalada que será respondida con sucesivos juegos. También puede someterse al juego y alinearse se forma sumisa con la persona que intenta ejercer su poder. La tercera opción es la de neutralizar el juego con otro juego de poder que colapse el anterior. La última de las respuestas es la de la cooperación, la de buscar un espacio común en el que ambas partes puedan alcanzar sus objetivos. Esta última es menos evidente, pero también es más creativa y nos abre espacios alternativos al abuso del poder, a la manipulación o la imposición.


1.- EL TRIÁNGULO DRAMÁTICO  S. Karpman

Lo principal para todo profesional y, en especial, en el campo de las
drogodependencias, en el que es muy fácil representar el rol de Salvador, consiste en no caer
en el juego llamado por Karpman Triángulo Dramático. Karpman, discípulo de Eric Berne
(creador del Análisis Transaccional) lo expresa con este gráfico:
El Triángulo Dramático representa tres roles diferentes, en los que suele manifestarse
el profesional: Salvador, Perseguidor y Víctima. Estos son roles que se ejercitan de manera inconsciente y repetitiva. Se producen mediante intercambios verbales y no verbales. A estas transacciones comunicacionales del Triángulo Dramático se les llama juegos psicológicos o de relación; éstos se aprenden durante la infancia en el seno de la familia y escuela y se utilizan para confirmar los mitos existenciales de cada uno. Por ejemplo, en la vida se ha venido a sufrir... o no te puedes fiar de nadie, también ¿por qué siempre me ocurre lo mismo?. También se utilizan para manipular a los demás, es decir, para que los otros hagan algo sin pedírselo directamente y para evitar la intimidad, pues los juegos del Triángulo distancian de forma conflictiva a las personas, alejándolas de tener encuentros abiertos y sinceros.
El Triángulo Dramático, también ha sido llamado el Triángulo de la Supervivencia,
pues durante la infancia asumimos estos papeles para poder sobrevivir emocionalmente.
Cualquier niño empieza por sentirse Víctima, porque es imposible que todas sus necesidades sean satisfechas, y sobretodo, la necesidad básica de sentirse amado incondicionalmente. El niño no siempre puede decir No, pues depende de los adultos. El niño que se siente Víctima en casa pasa a ser un Perseguidor en el colegio, con sus compañeros/as. Lo mismo ocurre en la etapa adulta, cada persona escoge una manera de protegerse de su propio dolor emocional,
unos tendrán tendencia a cuidar a los demás haciendo de Salvadores, otros descargarán su
resentimiento sobre los otros haciendo de Perseguidores y unos terceros seguirán como niños
indefensos e impotentes en el papel de Víctimas.
Los tres roles del Triángulo son un intento errado de conseguir afecto. A veces, se
prefiere recibir reproches como una forma de recibir amor. El Salvador actúa bajo el influjo de la culpa, la Víctima bajo el influjo del resentimiento, mientras que el Perseguidor bajo el influjo de la agresividad.


2.- DISTINGUIR LOS PAPELES

Cada vez que una persona representa de forma inconsciente uno de los papeles del
Triángulo Dramático está entrando en un juego emocional y acabará sintiéndose mal. Para
poder detectar cuando estamos entrando en el Triángulo Dramático, debemos aprender a
distinguir entre los papeles representados de forma consciente y auténtica, donde el resultado suele ser positivo, y los papeles representados de forma inconsciente e inauténtica, donde el resultado es negativo.


1.- La persona SALVADORA va por la vida prestando ayuda, a cambio de mantener la
dependencia de los otros hacia él. Por una parte, necesita Víctimas y, si no las encuentra, las crea; por otra, al ser ayuda inauténtica, se queja continuamente de sus esfuerzos. Suele decir siempre se aprovechan de mi generosidad.
La percepción interna del Salvador es que los otros le necesitan y asume la responsabilidad de solucionar los problemas de la Víctima, pues cree que la Víctima no puede pedir ayuda ni resolver su situación.
Según Steiner el Salvador hace por los otros más de lo que le corresponde y, a menudo, se
obliga a sí mismo a hacerlo, aunque sienta que no quiere hacerlo. Prioriza las necesidades de los demás por encima de las suyas, porque no tiene conciencia de lo que quieren realmente.
El Salvador actúa bajo el influjo de la culpa y por la necesidad de sentirse superior. Lo
que consigue haciéndose cargo de los problemas de los demás es evitar sentir su propio
sufrimiento: ojos que no ven, corazón que no siente.
Un ejemplo típico de la representación del papel de Salvador es el siguiente: Las esposas
de los alcohólicos no llegan a comprender que sus infinitos sacrificios, su desinterés y su
buena voluntad en soportar los abusos del alcohólico, seguidos del perdón, le perjudican más que le ayudan. (Steiner,1992, Los Guiones que vivimos). Muchos alcohólicos se ponen en tratamiento especializado y dejan de beber, cuando la esposa da un ultimátum del tipo: separación matrimonial o tratamiento en un Centro especializado en alcoholismo. Teniendo en cuenta que la amenaza por sí sola no funciona, sólo cuando la esposa realmente actúa y prepara la separación en serio, es cuando ésta deja de hacer de Salvadora del alcohólico - Víctima y hace algo para ayudarse a sí misma e indirectamente ayuda también a confrontar al marido alcohólico con su problema.
Un profesional de la salud (médico, psicólogo, asistente social, etc...) puede representar el rol de Salvador cuando empieza a hacer horas extras y ni las cobra ni las recupera. También, cuando se extralimita en sus funciones, cuando se esfuerza más que el usuario, cuando se responsabiliza de los casos de sus compañeros, etc...
Es fácil saber si uno ha caído en este papel, cada vez que el profesional se siente mal en
relación con sus clientes, cuando experimenta sentimientos de tristeza, decepción, impotencia, cansancio o rabia es señal de haber asumido un papel que no le corresponde. El profesional que hace de Salvador se dirige a sus usuarios con una de estas actitudes: Yo estoy bien, tu estás mal y voy a hacer mía la responsabilidad de tú malestar o yo estoy mal, tú estas mal, pero yo te veo peor y voy a responsabilizarme de tu malestar.
Otra de las formas que tiene el profesional para darse cuenta de que está haciendo más
esfuerzo que el usuario y, por tanto, que está vivenciando el papel de Salvador consiste en atender y escuchar el propio cuerpo, éste no engaña nunca. Por ejemplo, el caso del profesional que está intentando convencer de algo al usuario éste último le sigue la corriente con un tiene razón, pero... Si el profesional empieza a notar dolor de espalda, cansancio físico, dolor de cabeza, mareo o cualquier otro mensaje corporal durante la entrevista o al finalizar ésta, entonces es que ha asumido el papel de Salvador.


2.- La VÍCTIMA se las arregla para no acertar en hacer bien las cosas; envía mensajes
verbales y/o no verbales quejándose, de su indefensión; su comportamiento es
autodestructivo, y provoca su humillación o sufrimiento y finja estar desconcertado. La
actitud de la Víctima se suele representar por algunos usuarios de Servicios de la
Administración que intentan poner el cebo al profesional. para que represente el papel de
"Salvador".
La actitud de la Víctima suele ser: Yo estoy mal, tú estás mal y vamos arreglárnosla para
que yo esté peor o yo estoy mal, tú estás bien y quiero que te hagas cargo de mi malestar.
La Víctima siente culpa, inferioridad, tristeza y tiene una baja autoestima. Su sentimiento
básico es de resentimiento contra la vida que le hace sufrir y contra los Salvadores que siguen incapacitándola con su ayuda.
En términos generales, podríamos decir que un infante depende de los adultos y, por tanto, puede ser una auténtica Víctima; por el contrario, la persona adulta tiene capacidad de decisión y es responsable de cambiar su situación.


3.- El PERSEGUIDOR se comporta bajo el influjo de la agresividad, quiere satisfacer sus
necesidades y actúa en interés propio, poniendo a los demás en situaciones difíciles o de
sufrimiento. Su lema es pisa antes de que te pisen. Su juego preferido se llama te pillé.
El juego de Perseguidor establece unas pautas de comportamiento rígidas, por lo estrictas
o por lo poco prácticas; exige que se cumplan a rajatabla y suele cebarse en personas dotadas de una personalidad vulnerable, aquellas se complementarán con el Juego que marque el Perseguidor, haciendo de Víctimas.
Existen tres clases de comportamiento Perseguidor: Activos, actúan para satisfacer sus necesidades, pero pasando por encima de los otros.Vengativos, su propósito es castigar a los otros y tener la sensación de triunfo, de haber ganado. Pasivos, éstos persiguen por defecto, al no hacer lo que les toca o no cumplir con sus obligaciones, pone a los demás en serios apuros, provocándoles ansiedad o preocupación.
Si llevásemos la actuación de cada rol al dramatismo máximo, podríamos decir que el
Perseguidor puede ser un homicida, la Víctima. puede llegar a suicidarse y el Salvador puede legar a enfermar psicológica o físicamente por cuidar a los demás.



 Continúa...

 Lluís Camino Vallhonrat
Notas
El otro lado del poder, de Claude Steiner, está publicado en castellano por Editorial Jeder. Puede consultar un extracto del libro en la siguiente dirección.