28 de marzo de 2013

Herramientas para poner en práctica el Ahora y empezar a conectarnos con nuestro Yo Consciente





 


EJERCICIO DE LAS 40 RESPIRACIONES


Este ejercicio es muy apropiado para ese primer contacto con nuestro YO CONSCIENTE. Un ejercicio muy sencillo y rápido que además podemos usar en cualquier momento. Después de realizar el ejercicio, nos traerá más Paz y una inspiración de soluciones a alguna situación que haya surgido en nuestra vida.
Para desarrollar la atención sobre la propia mente y sus correspondientes “idas y venidas”, existe un método arraigado en la práctica del Zen que se basa en acompañar a la respiración en su ascenso y descenso, sintiendo y percibiendo, tanto las sensaciones corporales como los pensamientos que circulan mientras se observa durante el ejercicio.
La práctica propone contar 40 respiraciones completas. (Inhalando y exhalando por la nariz). Se entiende por respiración completa, el proceso que incluye inhalación y exhalación.
Para contar fácilmente cada respiración numera interiormente cada una en el momento en que te encuentras soltando el aire… procede lentamente al exhalar: unoooooo… doooosss… treeeesssss… vaciándote totalmente.
La cantidad de aire que inhales depende de tus ritmos, pero es recomendable que inicialmente proceda a inhalar un poco más de aire de lo que tomarías de forma natural y de esta forma alargues el tiempo dedicado a la exhalación sintiendo mientras te vacías que también disuelves las tensiones acumuladas en el cuerpo.
Es posible que en los comienzos del ejercicio, sientas que se agolpan pensamientos pendientes, y que tu conciencia se vea invadida de algún contenido que te acuse cierta ansiedad… No importa, permite que aflore y sigue adelante observando no sólo que tu mente es capaz de estar atenta a la numeración progresiva de los 40 pasos, sino que además permanece consciente de pensamientos y sensaciones que simultáneamente “caben” en el espectro de tu “darte cuenta”.
Recuerda que aunque tratas de no despistarte siguiendo el curso de algún pensamiento, lo importante es darte cuenta que te has despistado y, de esa forma proceder a volver, una y otra vez, al eje de la atención despierta. Cada desatención “observada” supone un pequeño despertar del “sueño” que discurre automático en el seno de las corrientes de pensamiento asociativo.
Si de pronto te das cuenta de que te has despistado, vuelve al número de la respiración en el que crees que te despistaste por ejemplo el 18 y desde ahí sigue respirando y contando hasta el 40. Si al finalizar de contar, sucede que te encuentras muy a gusto y te decides continuar en silencio, tal vez porque sientes que te ha – sabido a poco -, tienes la opción d volver a contar otras cuarenta respiraciones o bien permanecer en el observador, mientras tus pensamientos desfilan, dándote cuenta de los mismos, sin que te identifiques con ellos.
El Observador mencionado en la llamada Conciencia Testigo, una especie de espectador que ve el espectáculo de su mente, mientras él permanece sólido e inamovible.
Es también posible que en el seno de una vida profesional, con pocos espacios de – no acción-, experimentes resistencias a detenerte y respirar conscientemente, merece la pena que entonces te preguntes:
¿Cuánto tiempo voy a tardar realmente en realizar el ejercicio?
La respuesta es que unos pocos minutos… muy pocos. Y sin embargo el nivel y cualidad de ideas que paulatinamente brotarán de tu mente tras la armonización e integración de tu identidad global que este ejercicio conlleva, puede afirmarse que no tiene precio.
La práctica del silencio auto-consciente trabaja en los niveles más profundos de tu inconsciente. Al final de la travesía observarás el cambio cualitativo de expansión y apertura que ha experimentado tu conciencia.
La perseverancia trae ventura.
I ching
Ventajas del ejercicio:
1-    Favorece el mantenimiento del enfoque de la atención.
2-    Expande la capacidad de observar pensamientos y sensaciones.
3-    Entrena en la vivencia del presente.
4-    Favorece el darse cuenta de la impermanencia de todo lo percibible.
5-    Adecuado para desviar la atención de miedos o dolor en las pérdidas.
6-    Adecuado para personas que se abren por vez primera a la percepción de su mundo interno.
7-    Adecuado para calmar la ansiedad y el estrés.
8-    Adecuado para influir en el inconsciente cambiando la visión negativa y actitudes pesimistas.
9-    Recomendable al levantarse cada mañana y en los momentos de crisis o dolor físico y emocional.

 MEDITACIÓN ZEN


Un dato a tener en cuenta, es que en todas las filosofías y corrientes espirituales, tienen en común la práctica de la Meditación. En realidad, es un ejercicio que aporta muchas ventajas y con una práctica constante y continua, uno acaba percibiendo cambios importantes en su vida y en cuestión en sus reacciones hacia los demás y la forma de ver la vida. La paz empieza a formar parte de nuestra vida.
En este apartado a cerca de la Meditación, voy a hablar un poco de cómo fue mi experiencia, pues me imagino que muchas personas se encontrarán en la misma situación en la que me encontré yo. Tratando de saber cómo se medita y cuál es la finalidad de la meditación.

En mi caso, al principio me decían que es acallar la mente, pero la mente siempre pensaba y me decían que esos pensamientos se acababan yendo y yo veía que eso de que se fueran era algo muy complicado, porque me dejaba llevar por ellos de manera muy fácil. Luego con el tiempo me daba cuenta, que con la práctica uno empezaba a pensar menos y realmente esos pensamientos si se iban rápido y podía poco a poco mantenerme como un observador de los mismos, sin identificarme con ellos.
Luego me hablaron de las meditaciones guiadas y de pensar en cosas, así como puede ser enviar Luz y Amor al mundo. Y yo lo hacía, me hacía sentir bien, pero sentía que algo fallaba, que la meditación tenía que ser otra cosa más sencilla y que además al realizar la práctica, sea algo que llame nuestro interés y las ganas de hacerlo y además de disfrutar de ese tiempo.
Así hasta que encontré la Meditación Zen y con esto no quiero decir que el resto de meditaciones sean peor, pero lo que sí puedo decir es que este tipo de meditación me ayudo mucho y fue la que me hizo comprender la finalidad de la Meditación.
Ahora voy a hablar un poco sobre el Zen para aquellos lectores que hayan oído de la palabra, pero que no sepan exactamente a que se están refiriendo cuando escuchan o leen la palabra ZEN.
El Zen es un camino práctico para devenir plenamente consciente y revelar la verdadera naturaleza del ser. Para saber lo que el Zen es, y especialmente lo que no es, no hay otra alternativa que practicarlo. En este sentido, los maestros Zen suelen afirmar:
“Los que saben no hablan, los que hablan no saben”
El Zen, ¿es una religión o una filosofía? El Zen es una práctica y una concepción de la vida. No es una religión ni una filosofía. No es una psicología o cierto tipo de ciencia. Es un ejemplo de lo que se reconoce como un “camino de liberación”. Por fortuna o por desgracia, el Zen es sobre todo una experiencia de carácter no verbal, absolutamente inaccesible por medios literarios o eruditos.
En el Zen, lo fundamental es la experiencia personal. El Zen insiste en la vivencia interior. Se dice que una vez aprendidas las técnicas con cierta rigurosidad, brota la espontaneidad y se abandonan las explicaciones. A todo este conjunto de conocimientos se lo llama: “PRACTICA”.
La acción es lo que prima en el Zen
Al caminar, solo camina,
Al estar sentado sólo siéntete,
Al comer come y, sobre todo, no vaciles
Cualquier cosa que tu mano quiera hacer, hazlo con todas tus fuerzas.
El silencio meditativo no es el silencio del desierto que está desnudo de toda manifestación de vida, tampoco es el silencio de un cadáver. Se trata de un silencio de plenitud en el que se hallan integradas todas las antítesis mentales. En palabras simbólicas, se trata del silencio del Profundo sumido en la “tranquilidad del trueno”.
Es frecuente que cuando una persona reclama una explicación lógica de la enseñanza del Zen, los adeptos tienden a responder precisamente algo que sume a los demás en la mayor confusión. El querer explicar o analizar el contenido del Zen respecto a la iluminación es un intento inútil. Se trata de la vivencia repentina de la sabiduría para “cruzar a la otra orilla” y sentir con certeza que todas las cosas carecen de naturaleza independiente puesto que solo existen en relación con otras cosas. Una vivencia que sin duda sucede en el repentino despertar. Se trata de experimentar que nada en el Universo puede existir por sí mismo, y saber que luz y sombra, largo y corto, negro y blanco son términos relativos y no independientes el uno del otro.
El Zen tiene su Origen en China, pero el camino del Zen está fuertemente arraigado en el suelo natal de la India. Hay una tendencia a referirse al Yoga y al Zen conjuntamente como caminos de meditación oriental. Y en cierto modo, las similitudes entre ambos son ciertamente incuestionables. La raíz de la palabra yoga significa “poner un yugo”, unir. Y en realidad, el Zen y el Yoga en su entrenamiento central mantienen al unísono las mismas tres bases: la postura sedente, la respiración y la concentración. La experiencia Zen se caracteriza por un despertar que, atravesando las capas de la mente consciente y racional, accede al Ser transobjetivo, autentica experiencia de la Realidad. A la Realidad con mayúsculas, es decir a la que existe más allá de toda definición mental. A la conciencia pura.
El Zen en particular es un producto de la fusión del Budismo de la India con la cultura taoísta china. El Zen llegó a China a los cuatrocientos años de la era cristiana. En realidad, el Zen como práctica y como camino surge a partir del matrimonio de las mentalidades china e india.
¿Qué proporciona el ZEN?
El Zen es un camino de liberación interior, es decir una liberación de la atadura a las suposiciones y prejuicios que condicionan nuestra mente ordinaria. Desde el Zen, se observa la vida directamente con la plena espontaneidad original o calidad del sí mismo. ¿Cómo se puede vivir cada instante lo NUEVO si nuestra “gafa de ver y sentir” está inconscientemente condicionada por memorias y proyecciones?, ¿cómo es posible vivir la sorpresa que cada momento trae si no se han previamente liberado de las memorias los conceptos encadenados a cada percepción? ¿cómo se puede experimentar el sí mismo con la frescura del “niño supraconsciente” abierto al momento presente?
La posición básica del Zen es que no tiene nada que decir, nada que enseñar. El maestro no “ayuda” al discípulo puesto que ayudar de la manera que habitualmente se entiende, sería entorpecer. Por el contrario, en cierto momento del camino, el maestro sale a poner obstáculos y barreras al camino del estudiante. El discípulo Zen no sabe realmente Zen si no lo descubre por sí mismo.
Si una imagen vale más de mil palabras, un bocado vale más que mil imágenes.
El Zen ante todo, nos presenta un camino que lleva al despertar de la propia naturaleza esencial y, por lo tanto, a la profundidad del ser humano. Y aunque fue iniciado en el ámbito de la religión budista, su práctica transcendió toda doctrina o creencia religiosa por amplia que ésta fuese.
El Zen apunta al descondicionamiento de la mente que es una forma de nombrar la Iluminación. La práctica Zen conduce normalmente al “Satori”, es decir, a un repentino despertar que D.T. Suzuki consideró como la quintaesencia del Zen. Desde otra perspectiva, el Zen en Occidente se ha incorporado al ámbito de la psicoterapia ya que su práctica conlleva una progresiva liberación de patrones soterrados en el ámbito de lo subconsciente. Desde esta perspectiva de armonización mental, la práctica sistemática del Zen conlleva una ampliación de consciencia que disuelve esquemas reactivos y conductas automatizadas de carácter neurótico.
El ZEN es el arte de dejar en paz a la mente.
El Zen ha llegado a la convicción definitiva de que nuestra manera habitual de pensar es incapaz de satisfacer realmente nuestras necesidades espirituales más profundas. Debido a ello utiliza determinadas prácticas como la del Za Zen, el Koan y otras más para ir trascendiendo la lógica y sus límites mentales.
La práctica del Zen fomenta de manera sutil la moral y la acción noble y responsable al sofocar las llamas de la avaricia, la cólera y los pensamientos ilusorios que suelen abrasar a la mente humana. Conforme el proceso avanza, se libera la compasión y el amor que existe dentro de cada ser esencial.
La mayor parte de nuestras decisiones importantes dependen de la “corazonada”, en otras palabras, de la “visión profunda” de la mente. No podemos recuperar el poder de la visión profunda a menos que primero relajemos los órganos de la visión. No es simplemente la quietud de la mente sino una especie de desasimiento mental. El ser humano despierto usa su mente como un espejo. No aferra nada, no rechaza nada. Recibe pero no conserva.
La meditación es ante todo la práctica de la conciencia clara. Un entrenamiento sobre la conciencia y un trabajo de la atención.
El ZA ZEN es el nombre que se le da a la práctica de la meditación Zen. Este ejercicio consiste en “sentarse” y mantener una atenta inmovilidad durante el tiempo que dura. Puede considerarse que el Za Zen es el corazón del entrenamiento Zen.
Se practica ejercitando los tres aspectos ya nombrados y relacionados con la meditación Za Zen. La postura, la respiración y la actitud.
POSTURA
-       Sentada (loto, semi-loto, diamante), espalda recta, gran asentamiento sin desequilibrio, centro de gravedad en hara, relajado pero con tensión justa.
-       Ojos entreabiertos, mirada enfocada en el suelo.
-       Manos sobre regazo; dedos de mano izquierda sobre los dedos mano derecha; pulgares extendidos se tocan entre sí; codos ligeramente hacia fuera.
ACTITUD
-       Mente abierta.
-       Ni rechazo ni estímulo de los pensamientos y emociones que aparezcan.
-       Amplia percepción consciente simultánea del adentro y afuera.
-       Atención afilada e intensa, vivir lo que ocurre sin pensar en lo que ocurre.
-       Vivencia del eterno ahora, cargada de presencia y entrega.
-       Si nos despistamos volvemos a la conciencia del presente.
RESPIRACIÓN
-       Conciencia de la respiración. (Contemplar la respiración especialmente la exhalación. Contar la respiración favorece el enfoque de atención.)
-       Enfoque prioritario, máxima atención en la respiración.

Si una persona o varias comienzan practicando en sus casas, pueden comenzar por 10-15 minutos hasta 20 minutos. En realidad, alrededor de 22 minutos es el tiempo tradicional que dura ardiendo una barrita de incienso.
¿En qué consiste el Kinhim?
El Kinhim o meditación en movimiento, es una práctica encaminada también al despertar de la conciencia que consiste en camina en fila muy lentamente y manteniendo la atención a cada paso. Es una manera de permanecer plenamente despierto ya que cada paso dado es tan inhabitualmente lento y recogido que el sujeto que lo practica se ve obligado a mantener la atención a aspectos tales como su postura, el equilibrio, el movimiento que pone el peso en un pie y luego en el otro, al ritmo de cada paso, a la distancia con la persona de delante y a su propio estado interior.
En el Kinhim se camina derecho colocando los antebrazos paralelos al suelo y dejando que los codos sobresalgan ligeramente. El Kinhim está a mitad de camino entre la cualidad de atención que se requiere para sentarse y la cualidad de atención necesaria para el movimiento y estilo del mundo cotidiano.

BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN
Entre los logros más visibles que se alcanzan en la práctica de la meditación se pueden citar: un aumento notable de la serenidad y la sensibilidad en la vida cotidiana, un incremento en la capacidad de empatía hacia los demás, un mayor anclaje de la consciencia en la propia interiorización como causa de todos los estados mentales y una activación extraordinaria de la lucidez mental. Por otra parte, y por el hecho de abrir la consciencia a niveles más profundos, el practicante desbloquea determinados aspectos del inconsciente y, en consecuencia, se disuelven las bolsas emocionales no resueltas. Se trata de bolsas emocionales de material reprimido que no pueden aflorar a la consciencia y que tienden a expresarse a través de emociones exageradas como puedan ser la ira, el miedo, la avidez, la aversión, el descentramiento, la ansiedad, la hostilidad, los celos, etc.
Durante el ejercicio meditacional pueden darse casos en los que la liberación de las citadas bolsas emocionales reprimidas (tristeza, congoja, ansiedad…) llegue a provocar incomodidad; en tal caso, la persona no debe inquietarse, sino tan sólo seguir observando la emergencia de dichos episodios como oportunidad de drenaje liberado y seguir “respirándolos” de manera continuada. En este sentido, la psicoterapia y la meditación pueden considerarse como un eficaz binomio de autodesarrollo y alcance transpersonal que a veces pasa por iluminar el sótano antes de llegar al ático.
En un sentido psicológico propiamente dicho, la meditación drena el inconsciente y limpia la conciencia de contenidos conflictivos, desarrollando un enriquecedor factor de observación que disminuye el egocentrismo y torna al sujeto de una mayor independencia. Se ha verificado asimismo en los practicantes de meditación aspectos tales como, un incremento del bienestar psicológico, un descenso en el nivel de ansiedad, un aumento de la confianza y la propia autoestima, un mejor aprovechamiento en la actividad intelectual y académica, y un mayor número de posibilidades de autorrealización.
La investigación médica señala asimismo que con la práctica de la meditación, el estrés, los miedos y las fobias pueden reducirse notablemente, así como el uso del alcohol y las drogas. La práctica asidua produce una disminución de la presión sanguínea, haciendo emerger una calma subyacente y un nivel de ecuanimidad que neutraliza las “reacciones” posibilitando acciones elegidas y voluntarias. En cuanto a las variables fisiológicas de los meditadores se ha observado que la práctica altera el ritmo cardiaco y opera cambios en el metabolismo por la reducción del consumo de oxígeno.
Pues también en el plano químico se observa una reducción de los niveles de lactato y de la hormona cortisol en sangre que intervienen en la respuesta al estrés, así como una agudización de la percepción y de las habilidades de autocontrol en la conducta.  De momento, existe una sobrada evidencia de lo beneficiosa que puede ser la práctica de la meditación para reducir la presión sanguínea, disminuir el nivel de colesterol y prevenir las enfermedades coronarias. Puede concluirse afirmando que el ejercicio meditacional constituye un sistema de entrenamiento excelente para afrontar el sufrimiento mental, las frustraciones del presente y las preocupaciones por el futuro.
Desde mi propia experiencia en la meditación y con una bastante constancia como práctica diaria. Puedo confirmar que los efectos de su práctica son positivos y uno se siente con más calma. Al final ese espacio de la meditación es como un gimnasio, en el que estamos trabajando la Atención y el darse cuenta de los pensamientos y de lo que está sucediendo en nuestro interior y en nuestro exterior. Al final, lo importante no es eliminar los pensamientos y quedarse en blando, lo importante es el arte de darse cuenta que estás pensando. Al principio te puedes tirar 10-15 minutos pensando hasta que te das cuenta que estás pensando, pero en ese caso, no te preocupes, porque en realidad eso es lo importante, ese momento que te diste cuenta que estabas pensando. Entonces en este instante que te diste cuenta, vuelves a llevar tu atención a la respiración y a tu cuerpo, así como se encuentra, si tiene algún dolor, pero sobre todo una atención a la respiración. Con la práctica continua acabas llevando la atención a la respiración y a la mayor parte del cuerpo así como también a lo que vemos en el exterior sin perder la consciencia del cuerpo y la respiración, pero esto se consigue con una práctica continuada. Tras la práctica de la meditación, con el paso del tiempo, ese intervalo de tiempo entre pensar y darse cuenta se va reduciendo poco a poco, hasta llegar al momento de poder observar los pensamientos, sin ni siquiera identificarse con ellos e incluso llegando a percibir tu cuerpo y el entorno externo, simplemente observándolo todo sin pensamiento, en ese momento, se llega a una gran calma, paz y tranquilidad, que empieza a hacerte sentir muy bien interiormente. A partir de ahí, es un autodescubrimiento.
También me gustaría comparar un poco sobre los efectos que tienen sobre nosotros los programas de televisión y los efectos de la meditación. En cuanto a la meditación, tú acabas siendo dueño de tus pensamientos y emociones, llegando a observarlos y llegar a saber de donde provienen. En este caso, acabas teniendo cierto poder sobre ellos, surgiendo del interior profundas inspiraciones e intuiciones, que aunque vengan en forma de pensamiento, en realidad provienen de otro lugar debido a su gran calidad de resolución que nos aporta a nuestra vida. En cuanto a la televisión, está constantemente adormeciendo nuestro poder de control, trasladando dicho poder al “mi” (Ego), la televisión nos hace sentirnos identificados por todo lo que vemos, provocando mezcla de emociones de alegría, tristeza, dolor, amor, risa, llanto, un sin fin de mezcla de emociones que ayudan a que perdamos el control de nuestras emociones y de tal forma, que en función de lo que veamos en el exterior afectará directamente en nuestro interior, así como puede ser el fomentarnos el comprar un producto. Creemos, por lo identificados que nos sentimos por lo que vemos, que necesitamos ese producto y lo compramos. Pero si una persona realiza la práctica de la meditación continúa, entonces conseguimos un poder de control, de tal forma, que cuando veamos ese producto, analizaremos si realmente lo necesitamos, y al final seguramente llegaremos a la conclusión de que en este momento no lo necesito, simplemente no lo necesito, o si sí realmente va a ser útil, pero ya se ha producido un mecanismo en el que a través de la lógica mental, llegamos a una conclusión lógica y nuestra respuesta provendrá realmente de nosotros. La meditación es un camino para empezar tomar decisiones conscientes.

 EJERCICIO DE LA PRESENCIA .CONECTAR CON EL CUERPO INTERNO

A lo largo de esta práctica quizá te resulte útil mantener los ojos cerrados. Más adelante, cuando “estar en el cuerpo” sea algo fácil y natural, ya no será necesario. Dirige la atención al cuerpo, siéntelo desde dentro. ¿Está vivo? ¿Hay vida en tus manos, brazos, piernas y pies, en tu abdomen, en tu pecho? ¿Puedes sentir el campo de energía sutil que impregna la totalidad del cuerpo y llena de vida vibrante cada órgano y cada célula? ¿Puedes sentirlo simultáneamente en todas las partes de tu cuerpo? ¿Es un campo de energía unificado? Sigue enfocándote en las sensaciones de tu cuerpo interno durante unos momentos. No empieces a pensar en él. Siéntelo. Cuanta más atención le concedas, más clara e intensa será la sensación. Sentirás como si cada célula estuviera más viva, y si tienes muy desarrollado el sentido visual, puede que te venga una imagen de tu cuerpo volviéndose luminoso. Esa imagen podrá ayudarte temporalmente, pero presta más atención a la sensación. Una imagen, por muy hermosa o intensa que sea, ya tiene una forma definida, y no te permite profundizar tanto como la sensación.
La sensación de tu cuerpo interno no tiene forma, no tiene límites, es insondable. Siempre puedes alcanzar en él una mayor penetración. Si en esta primera etapa no sientes mucho, presta atención a lo que puedas sentir. Quizá notes un leve cosquilleo en las manos o en los pies. Eso es suficiente de momento. Basta con que te enfoques en la sensación. Tu cuerpo está despertando a la vida. Más adelante seguiremos practicando un poco más. Por favor, ahora abrid los ojos, pero mantened parte de la atención en el campo energético corporal interno mientras empezáis a recorrer la habitación con la vista. El cuerpo interno está a medio camino entre la identidad vinculada a la forma y tu identidad esencial, tu verdadera naturaleza. Nunca pierdas el contacto con él.

EJERCICIO DURANTE 3 DIAS, VIVIR CONSCIENTEMENTE


En todos estos ejercicios la clave está en mantenerse permanente en un estado de conexión con tu cuerpo interno, sentirlo en todo momento. Esto profundizará y transformará tu vida rápidamente. Cuanta más conciencia dirijas hacia el cuerpo interno, más elevada será su frecuencia vibratoria, de manera parecida a una luz que brilla más a medida que giras el interruptor progresivo y aumenta el flujo eléctrico. En ese alto nivel energético la negatividad ya no puede afectarte, y tenderás a atraer nuevas circunstancias que reflejen esa frecuencia elevada.
Lo podemos comparar igual que cuando estamos aprendiendo mecanografía, aún lo recuerdo con el librito de aprender mecanografía que nos dice, ahora con el meñique presiona la tecla “A” y no sé cuantas veces y así tecla por tecla y dedo por dedo. Al principio resulta un poco aburrido porque tienes que prestar mucha atención y la impaciencia de querer empezar a escribir, a veces puede con uno. Ahí es donde se encuentra el Ego poco constructivo. Pero con voluntad y constancia, es decir, desde un Ego más constructiva, llega un momento en la que ya empiezas a escribir con cierta soltura, así hasta que llega un momento en el que ya no tenemos ni que mirar el teclado. Pues lo mismo sucede con este tipo de herramientas de la Atención Plena, al principio la impaciencia puede con nosotros, pero si mantenemos esa voluntad y constancia, entonces conseguiremos profundizar mucho más, e incluso integrarlo como una práctica diaria normal.
Si mantienes la atención en el cuerpo siempre que te sea posible, estarás anclado en el ahora. No te perderás en el mundo externo ni en la mente. Los pensamientos y emociones, los miedos y deseos, pueden seguir presentes en alguna medida, pero ya no se adueñarán de ti.
Por favor, analiza dónde está tu atención en este momento. Estas escuchándome o estás leyendo estas palabras. Ese es el centro de tu atención. También eres consciente periféricamente de tu entorno, de otras personas, etc. Además, puedes tener cierta actividad mental en torno a lo que estás oyendo o leyendo, algún comentario mental. Pero no es necesario que nada de lo anterior absorba toda tu atención. Intenta mantenerte simultáneamente en contacto con tu cuerpo. Mantén parte de la atención dentro de ti, no dejes que toda ella fluya hacia fuera. Siente tu cuerpo desde dentro como un campo energético unificado. Es casi como si estuvieras escuchando o leyendo con todo tu cuerpo. Práctica esto
La espera es un estado mental. Significa que quieres el futuro y no quieres el presente. Por ejemplo puedes practicar el ejercicio de Atención Plena, pero si llegas a la noche y te dices, vaya en todo el día no recuerdo haber vivido en un momento de Presencia, entonces puedes hacer dos cosas, lo habitual es que digas, bueno, mañana trataré de trabajarlo de nuevos, es decir, rechazas el presente o decir, bueno aunque sea de noche, voy a empezar de nuevo pero desde este Ahora. No necesitamos esperar, si nos hemos acordado en este preciso momento, entonces vuelve a la Presencia en este momento, qué mejor momento que Ahora. No hay otro momento que no sea este. Practica esto en los próximos 3 días y saca una conclusión desde tu experiencia.
No entregues toda tu atención a la mente y al mundo externo. Intenta concentrarte con todos los medios a tu alcance en lo que haces, pero al mismo tiempo siente tu cuerpo interno siempre que puedas. Mantente arraigado en tu interior. A continuación observa cómo eso cambia tu estado de conciencia y la cualidad de tus acciones.
Cuando tengas que esperar, donde quiera que estés, aprovecha ese tiempo para sentir el cuerpo interno. De este modo los atascos de tráfico y las colas se vuelven muy agradables. En lugar de proyectarte mentalmente lejos del ahora, entra más profundamente en el momento ahondando en tu cuerpo.
También es recomendable para traer presencia preguntarnos, ¿estoy respirando, quién está respirando? La respiración es una herramienta muy útil, porque te trae a la presencia de forma automática en el momento que la volvemos consciente. Incluso puedes sentir que al llevar la consciencia a la respiración, empezamos a modificar el ritmo, pero la clave se encuentra en observarla y que ella siga con su ritmo por sí misma y sin dejar de observarla. Al principio puede costar un poco, pero se acaba consiguiendo.
El arte de ser consciente del cuerpo interno se va desarrollando hasta dar paso a una nueva forma de vivir, a un estado de conexión permanente con el Ser, y añadirá una profundidad a tu vida que no has conocido antes.
Resulta fácil estar presente y ser el observador de la mente cuando se está profundamente arraigado en el cuerpo. Pase lo que pase fuera, ya nada puede hacerte temblar.
A menos que estés presente y habitar el cuerpo siempre es un aspecto esencial de la presencia, seguirás estando controlado por la mente. El guión mental que aprendiste hace mucho tiempo, tu condicionamiento mental, dictará tu pensamiento y tu conducta. Puede que te sientas libre de él durante breves intervalos, pero serán muy prolongados. Esto es especialmente cierto cuando algo “va mal”, cuando se produce una pérdida o un disgusto. Entonces tu reacción condicionada será involuntaria, automática y predecible, alimentada por el miedo, que es la emoción básica subyacente al estado de conciencia de identificación con la mente.
Así, cuando se presenten esos desafíos, y siempre acaban por presentarse, créate el hábito de entrar inmediatamente en tu interior y de centrarte en el campo energético de tu cuerpo. Esto no requiere mucho tiempo, apenas unos segundos. Pero tienes que hacerlo en cuanto se presenta el desafío. Cualquier retraso permitirá que la reacción condicionada, emocional o mental, surja y se apodere de ti. Cuando te orientas hace dentro y sientes el cuerpo interno, recobras inmediatamente la serenidad y la presencia, porque retiras atención de la mente. Si esa situación requiere una respuesta, surgirá de un nivel más profundo. Así como el Sol es infinitamente más brillante que la luz de una vela, hay infinitamente más inteligencia en el Ser que en la mente.
Mientras te mantienes en contacto consciente con tu cuerpo interno, eres como un árbol profundamente enraizado en la tierra, o un edificio con unos sólidos y hondos cimientos.