17 de junio de 2013

Alcanzar la felicidad: la camisa


Había una vez, un Rey que habiendo alcanzado un notable nivel de prosperidad y abundancia en los confines de su reino, se sentía triste y desdichado. Su mayor deseo era el de encontrar a tan sólo un hombre sobre la Tierra que afirmara ser verdaderamente feliz. Una vez que lo hubiera encontrado, pensaba pedirle su camisa para vestirse con ella. Albergaba la primitiva creencia de que vestido con la misma prenda del hombre feliz, de alguna forma experimentaría también su misma felicidad.
Lo primero que decidió fue llamar a todos los representantes de las escuelas y de las religiones del Reino a fin de formularles una pregunta clave:
¿”Es usted verdaderamente feliz”?
En caso de que alguno de ellos afirmase tal supuesto, el Rey estaba dispuesto a entregar lo que fuese y vestir su camisa.
Uno a uno, fue entrevistado personalmente por el Monarca que tras meses de trabajo, comprobó desanimado como ninguno de aquellos personajes se consideraba verdaderamente feliz.
El Rey y su servidumbre viajaron entonces por todo el país, preguntando a infinidad de hombres y mujeres si conocían a alguien que se considerase feliz. Mucho camino recorrieron sin encontrar a nadie que afirmase tal posibilidad, hasta que triste y desalentado, pensando que no había felicidad plena en ninguna parte, el Rey ordenó el regreso a palacio.
Fue entonces cuando un anciano súbdito le relató que había oído hablar de una persona feliz que vivía próxima a los grandes bosques. El Rey abrió sus ojos y pleno de esperanza, envió a sus más fieles emisarios colmados de oro y alhajas, en busca de aquel hombre tan raro, con el fin de conseguir y traer de vuelta su camisa, a cambio de lo que pidiese.
Después de algunos días de viaje, los enviados encontraron por fin a este hombre que según se decía, irradiaba paz y alegría. Tras saludarlo ceremoniosamente en nombre del Rey, le preguntaron si se consideraba una persona verdaderamente feliz.
Aquel ser contestó: "Yo soy el hombre más feliz del mundo".
Todos los presentes pudieron comprobar como su rostro, en verdad reflejaba una intensa paz y sus ojos irradiaban una gran luz.
Ante lo cual, le presentaron los cofres cargados de oro y alhajas diciendo:
"Todo este incalculable tesoro te lo ofrece nuestro Rey, si tú tan sólo le regalas tu camisa."
El hombre mirándolos con estupor y sorpresa les dijo:

"Imposible: No tengo camisa".





REFLEXION

¿De qué tipo de camisa parece carecer el llamado “hombre feliz” del relato?
¿De qué se ha desprendido la citada persona que ha logrado acceder al estado de felicidad”?, ¿acaso es algo que los demás mortales no felices llevan puesto? En tal caso, ¿qué es eso que llevamos “puesto” que nos acarrea tantos problemas?
Tal vez, la respuesta puede señalar la multitud de limitaciones y necesidades de nuestro Ego que de no aprender a “soltar” producen ansia y desasosiego.

La escasez no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos y necesidades.
Platón

Lo que sí parece deducirse del relato es que para ser feliz hay que “desprenderse” de algo. Y esto resulta paradójico porque durante años y años, y mientras crecemos como seres humanos, lo que hacemos es dedicar nuestra vida a tomar, agarrar, acumular.
En realidad, desde el primer momento en que nacemos, venimos dotados de una facultad que nadie nos enseña y que nos permite sobrevivir: La capacidad de “succionar”. Y aunque al principio succionamos leche materna, más tarde seguimos “succionando” atención, afecto, información... Con el paso del tiempo, seguimos haciéndolo mientras acumulamos cosas y bienes que además de colmar nuestros deseos nos ofrecen un cierto sentimiento de seguridad.

La felicidad es el término medio entre ”muy poco” y “demasiado”.
Anónimo

La carrera adquisitiva continúa en forma de prestigio, de poder, de capacidad de logro. Y todo este proceso adquisitivo se ve refrendado en las casas de las personas que literalmente están llenas de cosas por un visible espíritu de adquisición. Al parecer, esta sensación de “ir a más en la materia” produce en los sujetos sentimientos de referencia y seguridad que no se colman al llegar a una cifra determinada que, por otra parte, nos habría contentado con creces años atrás. De pronto, el ser maduro se da cuenta de que vive bajo la tiranía del “nunca es bastante”. El ser humano en tal contexto, siente su vida hipnotizada y atada a la “Gran Rueda” que algunos llaman Matrix. Se trata de una especie de noria en la que a menudo, se sigue adquiriendo desde una febril ansia de dinero y poder que inunda la carrera de muchos de los llamados “triunfadores”.
De pronto, la persona se da cuenta de que aquel primario acto de succionar, se ha convertido, enmascarado en el sentido de su vida, nadando en el oleaje de una sociedad mercantil en la que prima el lema de: “Tanto eres en cuanto tanto tienes”.
¿De qué se ha desprendido el “hombre feliz” del relato?
Tal vez, la camisa del relato señala una sutil dirección en su oculto mensaje. Para comenzar a sentirse feliz, tal vez convenga balancear la tendencia del proceso mencionado de succionar o de tener. Al parecer, en vez de llenar se trata de vaciar por lo que, en vez de orientar la consciencia al adquirir, se enfoca al ofrecer... todo un proceso de vaciamiento egoico que simplifica la existencia del superficial sentimiento de seguridad que produce el llenado aparente.
El camino de “vuelta a casa” comienza por la toma de conciencia que indica la sutil diferencia que puede darse entre dos orientaciones vitales: “Tener y Ser”. El “Tener” conduce a la cantidad y el “Ser” a la identidad.
¿De que sirve “tener mucho” si no hay calidad de vida? ¿De qué sirve tener en cantidad si no hay paz en el alma y sonrisa en el rostro de la propiedad?
Por otra parte, ¿somos ricos en tiempo libre?

El dinero no va a hacer de ti, ni más ni menos que lo que tú ya eres.
M. P. Santana

No se trata de afirmar de manera disociada que para Ser hace falta negar al Tener, o que sólo se puede Ser a costa del Tener, más bien lo que se apunta en la reflexión del relato es a la orientación o propósito primordial que da sentido a las diferentes etapas de la vida. En los comienzos, cuando el propósito vital es “salir adelante” y crear una familia, es fácil que las prioridades de la persona estén orientadas al Tener ya que se deben construir los cimientos materiales de un futuro desarrollo, sin embargo, cuando la persona ha sido “tocada” por la conciencia de lo profundo que subyace tras lo aparente y se ha desmitificado al Dios Oro, la vida se revoluciona y puede ser orientada a la generosidad que brota desde la propia mismidad como fuente de alegría primordial que nunca defrauda.
La riqueza no está reñida con la espiritualidad tal y como se ha venido pensando en tiempos precedentes. En realidad, la riqueza puede ser entendida como algo más que la mera acumulación de bienes. La riqueza no depende tanto de la cuenta bancaria como del logro de un estado de consciencia desde el que mana una abundancia que permite el flujo natural de vida que cada cual precisa para la realización de sus deseos y necesidades.

Los problemas económicos, no se resuelven con dinero, sino con imaginación.
Anthony Robbins

La riqueza cuando trasciende el egoísmo y la autocomplacencia a ultranza, lo que se convierte es en fuente inagotable de creación de posibilidades, de solución de problemas propios y apoyo a los ajenos, de generación de escenarios de aprendizaje y crecimiento y, en definitiva, de energía de creación y desarrollo en el mundo.
La riqueza en sí misma ni es buena ni mala, serán los propios seres que la utilicen los que cualificarán su energía con la calidad y orientación con que la ejerzan.
La sobriedad, la disciplina, la mirada interior y la compasión sincera, pueden expresarse manteniendo una sólida cuenta bancaria. El dinero tiene poder sobre el que lo ostenta, hasta que éste aprende a manejarlo y logra la libertad del que sabe que el dinero no le dará la paz que busca su alma. El dinero se consigue con habilidades propias del Ojo de la Mente, mientras que la paz profunda se abraza con el Ojo del Espíritu. Es decir, la capacidad de contemplar.

Cuando sólo te queden dos monedas.
Con una compra una hogaza de pan y con la otra un lirio.
Proverbio Chino

¿Qué otra “camisa” puede existir que nos robe la felicidad?
¿Acaso los males de amor se curan saboteando prematuramente las relaciones por cuya causa sufrimos?
Cuando la pasión ha sido observada y transmutada, ya no encadena a la contradictoria experiencia de gozo y padecimiento. Puede entonces decirse que la “camisa del deseo y el apego” se ha desprendido, liberando al ser humano del sutil conflicto de la necesidad.
El hecho de desprenderse de la citada “camisa” no consiste en cerrar las puertas del alma al proceso de una relación de amor, aunque sepamos que ésta puede acabar, ya que con este adelantamiento del final, lo que estamos haciendo es saltar una etapa del propio proceso que la misma requiere. Y saltarse una etapa por aquello de que se va a acabar y uno puede sufrir, supone suspender un aprendizaje que el Universo nos depara.

La sexualidad puede ser tan casta como un cielo azul despejado de nubes.
Krisnhamurti

El Yoga Integral que el ciudadano del siglo XXI ejerce, contempla la integración armoniosa de todos y cada uno de los niveles de su existencia. El físico, el emocional, el mental y el espiritual. Todos ellos, en su doble aspecto personal y social, requieren de su correspondiente alimento y atención y, cada uno de ellos, solicita medios y maneras diferenciadas en beneficio de la música final de la orquesta.
Los extremos pueden ser útiles en un momento dado y durante un tiempo. Por ejemplo, un retiro temporal del mundo, un viaje iniciático o un ayuno entre otros. La vida pide un “desarrollo integral” que abarque todas las facetas del ser humano y, por más que alguna de ellas se postergue, tarde o temprano, ésta demandará la atención que el juego global requiere para completar el aprendizaje e integrar dicha parte en el núcleo final. Sin duda un requisito para saltar a un nuevo nivel de la escalera evolutiva.
Finalmente, el relato puede aludir a un proceso de desprendimiento y vacío de la dimensión “persona”. El hecho de trascender el ego, es decir, trascender la consciencia de yoidad superficial y morir a ella en beneficio de una identidad transpersonal y oceánica de Supraconsciencia, supone una forma de “morir en vida”, tan renombrada en las tradiciones espirituales.
El tan anhelado “Nirvana” de la filosofía oriental se traduce literalmente como “extinción”. Extinción del yo separado del tú. Extinción de un “yo experiencia” que se perpetúa en las múltiples vidas de un único cuerpo físico y que no se disuelve en la oceánica Realidad Suprema, hasta no haber pasado por el desprendimiento y el vacío.

Maestro ¿Qué hacías antes de la iluminación?
Cortaba leña, transportaba agua.
Maestro ¿Y qué haces después de la iluminación?
Corto leña, transporto agua.
Tradición Zen 

Extraído de Cuentos para aprender a aprender . José María Doria