3 de junio de 2013

El árbol transplantado

 
 
 
Hace mucho mucho tiempo, de una semilla muy pequeña surgió un gran universo en forma de árbol. Era un universo inmenso, tenía ramas, hojas, pájaros que se acercaban de universos paralelos, tenía heridas, tenía luz y vida. En cada parte de él había vida.

Un día apareció un hombre al que el árbol respetaba y llamaba dios, y el hombre dijo:

-Creo que este árbol estaría mucho mejor en aquel otro lugar, pues allá da más el sol.

El hombre tenía una voz muy firme y parecía que lo que decía era lo más correcto.


Y agarró el árbol y lo trasplantó.

El árbol era un Universo, cuando se apartó de su lugar de nacimiento perdió mucho, perdió aquel aire, aquellas flores que le servían de aroma bajo sus pies, perdió cientos de pájaros que se apoyaban en él y se encontró en un nuevo lugar, solo, perdido.

Así estuvo largo tiempo: intentaba levantar cabeza pero su vida ya no era como antes, no se sentía igual, pues había perdido la conexión con lo que le rodeaba.

Pero pasó el tiempo, mi amada, paso el tiempo y el árbol obtuvo una respuesta mayor, se dio cuenta de que su conexión no era sólo con el lugar inicial donde apareció, su existencia no sólo estaba conformada al lugar donde nació, no, todo el Universo estaba amándole y rodeándole, el resto de UNIVERSOS.

El árbol se sintió feliz, recobró su vida y amó a la tierra a la que estaba unido, ya no sentía que aquella no era su tierra, amo al hombre y le perdonó, ya no sentía que aquel hombre le quería dañar, y amó el nuevo aire, ya sintió que aquel aire también le daba la luz. ¿Si hizo bien o mal el hombre? Pues hizo, no se juzga si estuvo bien o mal, pues lo importante es actuar.

El árbol no sentía dolor ni culpa ni miedo se sentía pleno y feliz y pudo recobrar la vida, la luz, volvió a amar, a jugar con los pájaros nuevos que venían a verle e incluso pudo aprender a sentir aquellos que dejo a atrás y algunos incluso, sintiendo esta llamada de amor, le encontraron y volvieron a apoyarse en sus ramas. Aparecieron nuevas flores bajo sus pies y el sintió que la tierra le estaba agradecida por estar con ella