6 de septiembre de 2013

¿Desde qué parte de mí?


Tengo 22 años y oigo que el sexo nos invita a la unión a través del gozo ¿Cuál es entonces la razón por la que resulta tan habitual vivir esta experiencia con tanta desconexión?

Tal vez la desconexión es más profunda de lo que parece y no tiene solamente que ver con el sexo en la pareja, sino con las propias barreras internas. Reconozcamos que la calidad de la práctica sexual, quizá tenga más que ver con aspectos como,
¿Qué siento?, ¿desde dónde abrazo? y ¿qué partes de mí están presentes en este episodio?,
que otros factores más propios de la mecánica. Es decir, posturas, puntos corporales de placer y ropas eróticas que tanta dialéctica desencadenan y que tanto a su vez despistan.
Tal vez hemos olvidado del verdadero sentido que tiene la sexualidad realizada con plena consciencia. Y poco sabemos de la sublimación de la energía sexual en creatividad y presencia.
Es muy posible que tal práctica sexual expuesta en términos tan poco biológicos para muchas personas suene a película ajena. Y por ello cualquier propuesta de sutilización con nombre de “alquímica”, “tántrica”, “taoísta”, “consciente” y “sagrada”, sonará a irreal e idealizada.
Todas las mencionadas son prácticas que demandan múltiples pausas. Es decir, prácticas que cuestionan la excitación como camino y que a su vez tratan de que se mueva la energía desde la presencia. En general tal actitud propugna el soltar la necesidad de controlar y no manipular el cuerpo, sino que por el contrario escuchan a éste y dejan que haga. Prácticas que se mueven desde el ahora evitando proyectar imágenes de archivo y repeticiones de placer memorizadas.
La transformación de la sexualidad pasa por la transformación de la humanidad. Se supone que no realizaría el mismo rito de satisfacción sexual aquel cromañón que miles de años atrás nos precedió y el actual homo sapiens que parece dejar paso al emergente homo amans.



Claves de amor y relaciones. Sexualidad sagrada. Visión holística. Atención plena y presencia.

 

 

¿Sexualidad sagrada?

Es delicado hablar de la sacralización de la sexualidad sin que la propuesta sea tachada de encubrir un by pass espiritual desde el que soslayamos por temor o culpa aquellos brotes de nuestra naturaleza más primaria. Y además es difícil entrar en los reinos refinados del sentir sin haber reconocido e integrado las propias sombras a veces grotescas.
Entre los que buscan la llamada sexualidad sagrada, existen un número de seres que huyen de las raíces y comienzan a realizar discursos blanqueados sobre una sexualidad idealizada. Muy a menudo tales discursos lo que encubren es un anestésico al horror que les causa la frustración de sus propias fantasías reprimidas y no canalizadas. Y en muchos casos, tan rosados clichés lo que encubren son miedos al abandono y al rechazo, es decir actitudes de evasión idealizadora por culpas y memorias de anteriores experiencias dolorosas.

¿Qué es lo sagrado?

 

Lo sagrado será todo aquello que nos lleve a una verdad más profunda. Y desde esta perspectiva, durante la práctica sexual puede ser sagrado, de pronto el “perder la cabeza” que nos torna separados, y entrar en comunión con las fuerzas universales de nuestra esencia. Es decir, trascender el control de la mente y permitir que otro supra nivel sea el que conduzca la experiencia. El hecho de sentir asimismo el calor del corazón y el abrazo a la vida consciente a través de la radiante pupila de nuestra pareja, puede también ser una vivencia sagrada.
Y también puede ser sagrado todo movimiento, juguete, postura, circunstancia y demás fantasía sexual, cuando se realiza con total atención y presencia. Ningún acto en sí es aversivo si en torno a él hay acuerdo y brota desde una natural inocencia. En realidad, de la bosta de la vaca nacen las flores más bellas .
En las aguas demasiado puras, no viven peces.
Zen

¿Qué está sucediendo en nuestra civilización?

 

Nuestra cultura entre otros despistes, vive una desconexión con su dimensión analógica, mística y metafórica. Una cultura que ha hipertrofiado la lógica del productivismo materialista, al tiempo que fabrica técnicos y especialistas que han perdido la visión holística. Esa es la realidad de una cultura occidental que en el seno de un racionalismo consumista, se ha desconectado de la inteligencia del corazón y ha puesto precio al alma. El sentir ha sido confundido con los sentidos. Nos hemos despistado del misterio, de lo sagrado, del silencio, del valor de la sobriedad y del aplazamiento de las gratificaciones inmediatas.
La conexión con el otro y la sexualidad plenamente satisfactoria tendrá que pasar por la interiorización del quien se cultiva, y el despliegue de su inteligencia cardíaca. Bien sabemos que la felicidad que buscamos, es acausal y brota de pronto, como también de pronto se abren las rosas.

Por José María Doria

Publicado en Claves de Amor y Relaciones el 2 de septiembre de 2013