13 de septiembre de 2013

El valor de las fantasías







Observo que tenemos fantasías sexuales. Y dada la diversidad de relatos que hay entre la gente con la que hablo de ello, me pregunto si tales “guiones” dicen algo de quien los genera.

Las fantasías sexuales son episodios mentales que nos fabricamos para aliviar nuestros deseos más ocultos, y a menudo, compensar determinadas carencias. En este sentido cada guión fantástico que fabrica la mente tiene que ver directamente con nuestras realidades más íntimas. De hecho, sentimos cierto alivio cuando nos recreamos en tales historias, ya que a un nivel profundo lo que estas hacen es “compensar” aspectos de nuestra vida que de otra forma, quedarían sumergidos, haciendo presión en la conducta cotidiana.

Tengamos en cuenta que el cerebro no “distingue” entre lo que imaginamos y lo que propiamente vivimos, es decir, que para él todo guión imaginado y emocionalmente sentido “por dentro”, es una experiencia que se registra al mismo nivel que las sucedidas en lo que llamamos “fuera”. Es por ello que la facultad de imaginar, no solo puede dar alas a quienes lo deseen, sino que a su vez puede equilibrar nuestras partes devaluadas, frustradas e incluso enfermas.


¿Qué episodios pueden ser considerados como fantasías sexuales?

Por ejemplo un niño que ha sido ridiculizado en clase por sus compañeros y se siente profundamente despreciado, puede de pronto “imaginar” que es un héroe con poderes y que ante un peligro que enfrentan sus compañeros de clase, logra salvarlos, llevándose el consiguiente aplauso de todos y la admiración secreta de la niña que le gusta. Esta inocente visualización generará emociones sanadoras y contribuirá a reparar el dolor embolsado que este niño ha tragado sin poder recolocar su autoestima dañada. Este sentimiento de poder refuerza su propia imagen, al tiempo que le permite sentirse persona valorada y querida.

A nivel sexual, es muy frecuente en mujeres escuchar fantasías acerca de episodios en los que varios hombres las poseen y estimulan. En algunas de ellas, tales hombres son majestuosos servidores, y en otras rudos guerreros de testosterona hasta las orejas. A veces la fantasía es romántica y sucede con embelesamiento, otras es sexualmente fugaz como lo pueda ser en un avión, en un tren, o bien en unos servicios mientras hace la compra. A veces las fantasías suceden en otros tiempos de la historia, y otras veces combinando seres del mismo sexo y situaciones insospechadas.

Muchos hombres por su parte imaginan también lo que no les resulta fácil experimentar, por ejemplo, dos, tres o más esclavas, geishas o amantes que con él interactúan unas veces inconquistables y otras sumisas. En estos procesos aparecerán encuentros, encantamientos, trances y toda clase de situaciones que regocijarán una parte de la persona con deseos no satisfechos: un rechazo, un abandono, una carencia histórica…

En este sentido, conviene observar la maquinación de nuestra mente y si se da el caso, permitirse el nacimiento de la fantasía, ya que al igual que nuestros sueños, esta brota desde el trasfondo emocional que nos moviliza. En realidad si observamos nuestra fantasía, podemos incrementar la comprensión de nosotros mismos, y abrirnos con compasión a un ego que las necesita y registra.

Si a esto añadimos que la mente es graciosa y que alguna vez puede llegar a pensar: ¿Y si algún día lo que uno imagina, resulta que no casualmente va y sucede de forma repentina?

Desde esta perspectiva convendrá distinguir entre imaginar y fantasear. Pues así como la imaginación se basa en un guión creado sobre una base de realidad, por el contrario la fantasía no conoce límites y escapa del tiempo, el espacio y la pura lógica. Un ejemplo de este desbordante derroche lo represente Alicia en el país de las Maravillas. Sin duda un relato ante el que nadie pretende vivirse tal y como se despliega su trama. Sin embargo el hecho de imaginar tiene otro calado y aunque termine por volar, se construye desde una base cotidiana. ¿Acaso el arquitecto no imagina la casa que más tarde convertirá en ladrillo y piedra.


Nada ocurre sin ser previamente imaginado.

En realidad nuestras fantasías sexuales pueden no solo ser episodios imaginados, sino también contener un coktail que añade y mezcla el vuelo infinito de la irrealidad onírica. Es por ello que la forma concreta con que se reviste la fantasía, así tal cual no suceda. Sin embargo, lo que sí es probable que tarde o temprano, el núcleo emocional que originó la insatisfacción, un día llame a nuestra puerta para convertirse en experiencia manifiesta.



Por José María Doria
Publicado en Claves de Amor y Relaciones el 9 de septiembre de 2013