29 de diciembre de 2013

¿Qué hacer cuando no he conocido a mi padre?







El dolor que se siente al vivir el abandono de un padre, el saber que nos engendró y luego se marchó es un dolor que queda profundamente arraigado en el alma y es la fuente de muchos conflictos de pareja inclusive de inseguridades y adicciones.

Esta situación tiene 3 vertientes y una de ellas es lo que nos han contado de ese padre ¿Qué nos dijo mamá? ¿Qué nos dijo la familia? Jamás debemos olvidar que cada quien vive su historia a su manera y que lo que nos han contado tiene sólo una cara de la moneda. Y que muchas veces está cargado del victimismo porque el otro no está presente para defenderse. Cuando es contado desde el victimismo nos lleva a sentirnos culpable y desarrollamos el “rencor mental” por el ausente, pero en el fondo de nuestro ser se produce una profunda lealtad por el que no está presente.


Otra de ellas es lo que deseamos creer, en nuestro corazón de niño añoramos al padre ausente en consecuencia se tiende a idealizar con perspectivas fantasiosas, sobre todo si no se habla de él. Soñamos que algún día va a venir a rescatarnos y que nos demostrará su amor. Y eso lo proyectamos luego sobre nuestras parejas, deseamos en el fondo de nuestro ser que se convierta en ese padre o madre ausente.


La tercera vertiente es la realidad, y es la más dura de aceptar y de ver. Tiene que ver con “la mirada sistémica”, en donde yo como adulto acepto y respeto lo que pasó con mis padres…los miro a cada uno inmerso dentro de su propio sistema y sus condicionantes. En donde en lugar de procurar idealizar o buscar respuestas, simplemente miro con humildad aceptando todo tal como es. En donde ya no requiero idealizar o satanizar a ninguno de mis padres. Si no que reconozco que vengo de los dos y son los perfectos para mí.






¿Cómo aceptar la realidad del abandono?



Haciéndose cargo del niño interno, dentro de nosotros siempre llevaremos la herida del abandono, por lo tanto es hacer necesario ahora prestarle atención a ese niño, haciéndole comprender que no hay nada malo en él. Que aunque sufrió el abandono no es su responsabilidad lo pasado…que ahora no puede abandonarse a sí mismo.

Ocupar mi lugar, comprender que ante mis padres siempre seré el pequeño, cuando les reclamo estoy colocándome en una posición superior. Cuando soy capaz de mirarles sin buscar explicaciones me empodero de mi propia vida y ocupo mi lugar.

No buscar al padre ausente en el exterior, el querer buscarle es muchas veces el deseo infantil de la búsqueda de explicación…en el otro implica una profunda culpa y al no saber responder a ella, puede abrir una herida mucho más profunda.

Buscar al padre ausente dentro de nosotros mismos, la mitad de nuestro ser está formada por ese padre y en la medida que nos conocemos a nosotros mismos…en esa misma medida lo conocemos a él. En nuestro interior siempre permanecerá por siempre.



Fuente: http://ordenesdelamor.org