3 de agosto de 2014

TANTRA :El Ejercicio del Kriya Mudra



El ejercicio del Kriya Mudra tiene como objetivo armonizar los dos cerebros, el masculino direccional y el femenino expansivo. Para ello utilizaremos el cuerpo y la respiración. Cuando me refiero a los dos cerebros, hablo de ser capaces de armonizar el cuerpo y la mente racional. Para ello los tántricos usamos este ejercicio.

Ejercicio del Kriya Mudra:


Nos sentamos en el suelo, en posición de medio loto (para los occidentales) sin ningún soporte añadido. Quien lo crea necesario, podría hacer antes algunos estiramientos o un poco de yoga de flexibilidad, sobre todo de columna y de las cadenas musculares posteriores, para que el ejercicio no sea tan “sufrido”. También, a modo de indulgencia, si después de ver cómo se propone el ejercicio, uno se considera verdaderamente incapaz de llevarlo a cabo tal y como se describe, es posible ayudarse sentándose en un cojín y, en casos extremos, se puede hacer acomodado en una silla.

Es importante poner la atención en la respiración. La atención debería estar puesta en todo momento en la respiración, pero una atención pasiva, sin tratar de controlar ni “guiar” la misma. Sólo la observación limpia de la cadencia espontánea del aire entrando y saliendo de nuestros pulmones.

La respiración debe ser nasal, tranquila y suave. Es posible que ya, simplemente, en ese momento empecemos a sentir sensaciones nuevas, por ejemplo, suele ser normal que cuando ponemos atención en la respiración, ésta pierda su cadencia natural y empiece a ser “controlada” por el cerebro y, por lo tanto, desequilibrada. Es bueno estar ahí unos momentos, sintiendo la respiración, al final, la mente se convence de que lo que hace el cuerpo de forma instintiva, es absurdo querer “mejorarlo” con atención controlada y se acaba prestando una atención limpia en la respiración.

En esos momentos es cuando, a medida que nos vamos relajando profundamente, vamos cerrando los ojos, como cayendo en la relajación. Simplemente los párpados caen, no se cierran.

Una vez acompasada la respiración nasal y sentir que fluye con naturalidad, empieza dejando caer la cabeza lentamente hacia delante, como si con cada exhalación fuera cayendo un poco más. Es un “dejarla caer” más que un esfuerzo por llevar la cabeza hacia adelante.

Este ejercicio precisa de tiempo, a algunos les va a resultar más rápido que a otros y no por ello el ejercicio es “mejor”, este ejercicio está concebido para inducir a un estado, no para hacerlo rápido y bien.

A la cabeza le siguen las cervicales y, una a una, todas las vértebras. La sensación es que el cuerpo se cae hacia adelante, como enroscándose. Con cada exhalación cae un poco más.

Premisa importante: Los isquiones no deben levantarse del suelo, al menos no “levantar los glúteos para bascular la cabeza”, esto, a nivel simbólico, es importante mantenerlo. Los glúteos deben tocar tierra, asentarse estables y firmes, como echando raíces profundas, fértiles y duraderas.

Manteniendo esas constantes veremos como, poco a poco y con cada exhalación, la columna se enrosca y la cabeza se proyecta hacia el suelo. A medida que progresa el ejercicio, las sensaciones serán más evidentes. Es aquí cuando el observador omnisciente debe prevalecer ante todo, ya que puede haber sensaciones que arrastren emociones, como la de sentir que falta el aire, opresión, ahogo, claustrofobia y una multitud de interesantes proyecciones neuróticas que tratan de “liberarnos” del estado que buscamos.

La sensación puede ser similar a cuando realizamos un tamascal. Quien haya hecho alguno (si no es así, lo recomiendo) puede recordar haber tenido la sensación de “morir”. También puede sucedernos una sensación similar a cuando entramos en proceso en una sesión de respiración de rebirthing. Confía en el ejercicio, confía que todo está bien y que todas esas emociones negativas no son más que pensamientos proyectivos. En estos momentos, el trabajo con la voluntad se hace necesario para este ejercicio. Aprender a llevarlo a cabo, pasar el “escollo” para poder llegar a la integración.

El trabajo es llegar hasta donde no se puede más, es decir, hasta que sientes que alguna parte de cuerpo interfiere en el proceso de caída de la cabeza hacia el suelo. Y una vez ahí… estar ahí. Estar ahí es el trabajo más difícil, por ser muchas veces incapaces de “estar”. Ahí es cuando acontece nuestro ego, ahí es cuando podemos observarnos de forma espléndida, en nuestra mecanicidad mental, física y emocional.

Sí, el “objetivo” sería llegar a tocar con la cabeza al suelo, muchos podrán alcanzar ese objetivo y, aún así, no habrán alcanzado a percibir el verdadero significado del ejercicio. Es un trabajo profundo que precisa de algo más que un cuerpo flexible. Es un ejercicio que siempre mantiene un significado nuevo y una observación distinta.

Los ejercicios están para ser hechos, no para ser descritos, así que, por mucho que trate de describir el significado del mismo, será mucho mejor que coloques tu esterilla en el suelo y lo pruebes.

Notarás cómo, a pesar de “no poder bajar más”, con cada exhalación y con cada relajación mental, física y emocional, el cuerpo sigue cayendo deliciosamente hasta tocar con la cabeza el suelo.

En ese momento es cuando cruzaremos las manos a la espalda, con las palmas hacia arriba y la derecha apoyada en la palma de la izquierda. Las dos manos deben estar a la altura del tercer chakra o bien del cuarto.

El instinto y la razón se dan la mano fraternalmente.

Una vez consigues tocar con la cabeza en el suelo y seguir respirando, empieza una nueva etapa, la etapa de la integración. A veces suelen suceder oleadas placenteras que te pueden transportar a visiones profundas, a estados alterados de conciencia, donde eres un simple espectador fascinado de la sensación, la emoción y los pensamientos. Los tres centros se equilibran y se acompasan. Pueden suceder viajes reveladores o visiones de la “realidad” que se ocultan en el día a día.

Esa es la pugna, conseguir que los dos cerebros, el cerebro de la cabeza y el cerebro de la cola estén a la misma altura, sin que el coxis esté más levantado que la cabeza y sin que la cabeza esté por encima del cuerpo.

En esa posición podemos estar unos cuantos minutos, a lo sumo 10. Pero, al estar con los ojos cerrados y no tener consciencia del tiempo, simplemente “sentir” cuándo ha pasado el tiempo suficiente, es decir, una vez has perdido el cómputo del tiempo, puedes decidir si terminar esa etapa o no. Normalmente es algo que sucede.

A la hora de incorporarse, siempre con extrema lentitud, sentiremos que estamos colocando una vértebra sobre la otra empezando por la parte baja de la columna. Nos desenroscamos de nuestro estado fetal, embrionario cual crisálidas y nos abrimos a la vida.

Desenroscar la cabeza apoyándose en la cola es el proceso natural de la evolución humana.

Al irnos desenroscando desentrelazamos las manos y las dejamos caer a los lados sin esfuerzo, una vez haya espacio suficiente, las descansamos con las palmas hacia arriba (la derecha sobre la palma de la izquierda) en el regazo. Es posible que en el proceso de desenroscarte sientas mareo, es normal. La cabeza es lo último en asentarse sobre las cervicales.

Estamos ya erguidos.

Seguimos con los ojos cerrados, ahora y de forma rápida y repetitiva, contraemos la zona abdominal, poniendo atención en la exhalación por la nariz. Una respiración parecida al kapalabhati donde, a diferencia de ésta, la atención se pone en contraer los músculos abdominales. Reproduciremos este paso durante unos 30 segundos, hasta “no poder más” y nos detenemos en seco.

Todo se para, el espacio tiempo se detiene y sobreviene el éxtasis. Dejarse inundar por las oleadas de placer que sobrevienen, como ráfagas de viento que nos mecen sin que nosotros debamos hacer nada, sólo saborear la esencia que ha desarrollado el ejercicio, el néctar que ha emanado de ti mismo para tu propio disfrute y degustación. Esa sensación no tiene tiempo, nunca he sabido cuanto tiempo transcurre.

Una vez “alimentados” movemos las manos, giramos las palmas y las apoyamos en el suelo, justo delante de nosotros, una al lado de la otra y haciendo que los brazos permanezcan estirados. Es muy gratificante la sensación de empezar a contactar con el mundo a través del tacto.

En esa posición, abrir lentamente los ojos y que lo primero que veamos sean nuestras manos contactando con la tierra, con el mundo. Muchas veces, en este momento suele acontecer un profundo amor por nuestras manos, que “están” ahí, con nosotros, esas manos son tú, pero a la vez no dejan de ser entes propios.

La vista se eleva poco a poco y empieza un recorrido visual por lo que nos rodea, de más cercano a más lejano, tratando de ir visualmente de un punto a otro, sin ser selectivo con lo que miramos, sólo mirar detalles cada vez más alejados. Observar el mundo de forma abierta, sin una predisposición a mirar ni una cosa ni la otra. Observar y saborear la vida en si misma.

El ejercicio del “Kriya Mudra” termina ahí, puedes estar en esa posición tanto tiempo como quieras, cuando lo decidas, cuando te apetezca, puedes levantarte y seguir con tu día a día con las energías renovadas, las pilas cargadas y el corazón abierto.

Es un ritual-ejercicio que nos lleva al aquí y ahora, a la presencia y al florecimiento de nuestro interior. Si quieres, puedes saborear el amrita que se ha creado en tu boca. El amrita es una especie de secreción que sucede cuando la kundalini se expande y suele hallarse en la zona bucal, en las encías y en lo profundo de la cavidad de la garganta. Así mismo, en la mujer, el amrita también aparece en la zona vaginal. El amrita tiene un sabor dulce y tiene enormes propiedades energéticas. Una vez terminado el ejercicio puedes pasarte la lengua por las encías y la zona profunda de la garganta y saborear (si ha acontecido) el amrita. Al amrita se le llama néctar divino o néctar de dioses.

En mi experiencia personal, debo decir que me aporta muchos beneficios cuando lo practico después del gimnasio. Después de una práctica física intensa o en una jornada laboral tediosa, el Kriya Mudra aporta energía revitalizada, consciencia y un estado de plenitud necesarios para una vida profunda.

Te invito a que lo pruebes, que no se quede simplemente como teoría mental, donde buscar las relaciones razonables, lógicas y basadas en extensa teoría. Los ejercicios han sido creados para ser experimentados. Experimenta el ejercicio y luego valóralo en relación a la propia experiencia.

Si has hecho el ejercicio y quieres compartir tu experiencia para que pueda darte detalles de la misma, escribe un comentario.
 
 
Fuente : www.circulosdecosechas.wordpress.com