9 de octubre de 2014

Sabiduría Védica:Las Cinco Relaciones



Las relaciones tienen grados de intimidad y consagración, cuyo esquema general se presenta a continuación, a partir de lo constatado en la experiencia y el estudio de los Vedas.

Las relaciones se determinan según su naturaleza, es decir: neutral, positiva y la que se establece a través del deseo de servir.


La primera es la relación neutral, el Amor Universal o la inclinación a servir a los demás. El Amor Universal es positivo, amplio, pero, al mismo tiempo, carente de definición. En el mundo no basta con decir: yo te quiero, yo te aprecio; también hay que estar dispuestos a hacer algo, como bien lo señalan las expresiones populares: para servirte, a la orden, con mucho gusto. Esto en sí no tiene mucha profundidad, pero es necesario hacer algún servicio para que alguien más se sienta cómodo y manifieste agrado. Si expresamos a nuestro visitante: siéntete como en tu casa, esto no es tomado en forma literal por nadie, pero sí como un gesto de amabilidad.

La segunda relación se denomina servicio, y se aprecia cuando alguien sirve a otra persona con la idea de agradarla, sin ningún cálculo o motivación comercial. A su vez, la actitud de servidumbre amable se aprecia de una manera más intensa, dando paso a la tercera relación, cuando se realiza determinada actividad no como un simple servicio, sino movida por un compromiso de corazón que no se conforma con lo mínimo, sino al complacer a determinada persona y contribuir para cubrir sus necesidades. Este tipo de afinidad se denomina amistad. Algo muy hermoso e íntimo.

La cuarta relación es el parentesco de los padres con sus hijos. El sacrificio de las madres por sus hijos, por ejemplo, es continuo. Casi que durante toda su vida, ellas se sacrifican en esta relación. Cuando a los hijos les va mal, las madres se desesperan y hacen cualquier tipo de esfuerzo para que les mejore la situación. Según el reconocido maestro espiritual Srila Prabhupâda, el amor de una madre por su hijo es el más puro que se presencia en el mundo material. Esta relación es más intensa que la amistad.

Aunque el amor que sienten los padres por sus hijos es muy grande, existe un amor que es incluso más fuerte. Hablamos de la relación conyugal, la quinta relación. Una persona por lo general es concebida y formada en el núcleo de una familia. Pero al momento de contraer matrimonio, el individuo une su vida a la de su pareja, formando un nuevo hogar. Tan intensa e íntima es la relación entre cónyuges, que incluso las demás pasan a un segundo plano, incluyendo la relación con los padres. La vida conyugal implica la afirmación de una nueva familia, y la concepción de hijos que harán que continúe la humanidad.

No obstante, vemos que muchas familias pasan por situaciones muy problemáticas, debido a la negligencia en los compromisos adquiridos. Para corregir esto, la vida de todo matrimonio debe ser espiritualizada, es decir: Dios debe estar en el centro del hogar, para que se cumplan a cabalidad los compromisos de la relación de pareja.

Estas cinco relaciones principales entre los seres humanos —en donde cada una es más intensa que la anterior—, existen de forma original y eterna con características divinas. Se trata de las relaciones que como seres humanos podemos entablar con Dios, quien es el origen de todos los rasas.

El Amor Universal se manifiesta cuando hay un agradecimiento pleno a Dios, lo cual indica que el ser quiere estar a su disposición. Este es el inicio de la vida espiritual. Cuando se entiende que todo se conecta a Dios y pertenece a Él, y se lo ve en todas partes, percibiendo su Voluntad en todo, hablamos de santa rasa. Krishna, Dios mismo, dice en el Baghavad-gita,hablando de la omnipresencia y omnisciencia suyas:

sarvasya caham hridi sannivisto
mattah smritir jñnam apohanam cha
vedais ca sarvair aham eva vedyo
vedanta-krid veda-vid eva chaham


“Yo me encuentro en el corazón de todos, y de Mí proceden el recuerdo, el conocimiento y el olvido. Es a Mí a quien hay que conocer a través de todos los Vedas. En verdad, Yo soy el compilador de El Vedanta y el conocedor de los Vedas” (15, 15). Aquí Krishna se presenta de una forma hermosa como el Señor Supremo.

Cuando el servicio del devoto está explícitamente dirigido al Señor, la persona pasa de santa rasa o Amor Universal a dasya rasa. Aquí se establece el interés por servir al Señor y surge la necesidad de buscar un Maestro Espiritual que nos enseñe a hacerlo, ya que es muy difícil llegar a comprender por cuenta propia qué es exactamente lo que quiere Dios. Por ello, se debe orar a Dios y pedirle que nos envíe a alguien que pueda iluminarnos y darnos refugio, alguien en quien podamos confiar. Así es como la conciencia llega a un nuevo nivel. Con el dasya rasa comienza el servicio, es decir: con la guía del Maestro Espiritual nos volvemos servidores de Dios en el altar o deidad, de los devotos y la humanidad. Algo sin duda maravilloso.

Para que realmente satisfaga el alma, dasya rasa debe entenderse como un tipo de servicio desinteresado, ininterrumpido e inmotivado. Si alguien se acerca a Dios para hacer un negocio con Él (yo hago esto, y Tú me recompensas con aquellos beneficios materiales), tal mentalidad se denomina karma kanda; se trata de un negocio, mas no de una actitud devota. Ello no permite el despertar de nuestra relación con la divinidad. Cuando aún hay elementos diluyentes, como la idea de conseguir beneficios materiales o de especular sobre la relación con el Señor, se aprecia una tendencia adversa a la relación amorosa con Él, puesto que amor implica entrega. En cambio, el bhakti yoga, el servicio con devoción, es el camino que lleva a vincularse trascendental y amorosamente con Dios. Todo comienza cuando se acepta a un maestro espiritual para servirlo. El nos hablará de Dios, cantará sus glorias, lo recordará y nos enseñará a adorar a la deidad.

El servicio y la rendición al Señor tienen varios momentos. Cuando se despierta un sentimiento más intenso hacia Dios, más allá del simple querer servirle, hablamos de sakya rasa o la amistad con el Señor Supremo. Sakya rasa se caracteriza por el hecho de que el devoto no puede considerar un solo momento sin hacer lo que al Señor le gusta. Si se siente amor por el Señor, entonces se quieren hacer espontáneamente las cosas para Él. En el amor, el bienqueriente no se siente un servidor, sino naturalmente comprometido con alguien. Esto es lo que caracteriza la amistad. En sakya rasa surgen preocupaciones espontáneas en torno a las cosas del Señor; además, se tiene la conciencia de que las cosas que considero propias son Sus cosas, las cuales cuido con esmero.

Al empezar a vivir absortos en el Señor, el apego hacia Él aumenta y simultáneamente disminuyen los apegos y delirios materiales, las lamentaciones y la conciencia mundana. En el momento en que el amor espiritual comienza a llenar la existencia, el devoto es aliviado de todo lo que lo mantenía condicionado en el mundo material.

Como es de notar, las relaciones con Dios se intensifican y son plenas. Ahora, cuando Krishna aparece en el mundo, le da personalmente a algunas almas la oportunidad de ser sus padres. Vatsalya rasa refiere este tipo de parentesco con el Señor. Tal sentimiento es experimentado únicamente por grandes devotos, preocupados por la protección del Señor. En esta relación, las grandes personalidades, como la madre Yasoda o Devaki, ven al Señor como su hijo.

Cuando el devoto tiene la certeza de que Krishna lo es todo, se dedica a servirlo y ve a todos los demás devotos como a sus propios hijos. Entonces se desarrolla una relación paternal, que incluso se extiende al deseo de proteger al Señor en el templo. En el templo, los devotos hacen cosas amorosas, como cocinar para que el Señor no pase hambre o confeccionar ropa para vestirlo y abrigarlo. El despertar de un sentimiento trascendental así, deja ver que una misericordia especial está presente en la vida de la persona. Vatsalya Rasa se manifiesta únicamente entre los devotos que poseen un intenso sentimiento de responsabilidad por todo lo que está vinculado con Krishna.

Llegamos a la cima de las relaciones: Madhury rasa, la relación de amor conyugal con Dios. Enamorarse del Señor esta destinado para devotos muy avanzados, pues no es común o algo que se pueda alcanzar fácilmente. Sentir amor por el Señor prácticamente quiere decir que entre el corazón del devoto y los intereses del Señor nada puede interponerse, como la lujuria, la envidia, la codicia, etcétera. En presencia de dicho sentimiento el Señor invita a los devotos a bailar en Vrindavan, su Tierra de amor, el más elevado y eterno baile amoroso, glorificado en las Escrituras. Por su parte, los grandes maestros han dedicado extensos tratados a mostrar lo profundo y magnánimo que es esto, lo que puede ser alcanzado por todos nosotros a través de las oraciones. Debido a que es tan sublime el amor espiritual de las almas eternamente liberadas con el Señor, únicamente nos es posible conservarlo como un ideal, ante el cual nos inclinamos y ofrecemos adoración. El amor que se ofrece en el mundo muchas veces decepciona, por ello es preferible enamorarse de Dios sobre todas las cosas, pues es el único que nunca va a defraudar, el único que no decepciona. Esa es la importancia del amor espiritual.

Srimati Radharani es la consorte de Krishna, y quien goza del máximo grado de este amor. En nuestra escuela discipular, los maestros han dicho que debemos añorar servir a Srimati Radharani, porque ella sirve a Krishna de forma perfecta.

El ideal de perfección de un devoto consiste en ser aceptado en el séquito de Srimati Râdhârânî, quien sirve a Krishna. Prácticamente el madhurya rasa es nuestra escuela, la meta secreta y hermosa que ha sido revelada por Srila Rupa Goswami, y glorificada por todos los acaryas o sabios de la corriente del Vaishnavismo. Los maestros espirituales han mostrado que ésa es la esencia de toda la búsqueda espiritual, y que Radha y Krishna y su mundo, Vrindavan, es el destino de cada alma. Ojalá todos podamos llegar allá; ojalá el Señor nos conceda la misericordia de servirlo y desarrollar la pureza del corazón, una cualificación indispensable para alcanzar el mundo de la pareja divina: el logro más especial por cumplir de toda existencia.

Para ser elevados a la posición de sirvientes de Dios, lo más importante es pedirle al Maestro Espiritual que nos ocupe en su servicio, ya que eso es tangible, inmediato. Servir al Maestro Espiritual es servir a los devotos, quienes nos recuerdan al Señor. En la compañía de los devotos se puede vivir de forma intensa el servicio a Krishna y cumplir tal servicio con responsabilidad. Estar con devotos es casi como habitar en el mundo espiritual, pues el Señor está presente en el Altar, en la meditación, en los alimentos que se le ofrecen, maha prasadam, y en la Sabiduría Védica que El nos entregó en las sagradas Escrituras.

Las Escrituras Védicas versan sobre el vegetarianismo, la reencarnación, la ley de karma (que invita a cultivar la responsabilidad), el alma, las fuerzas infinitas del Señor Supremo. Pero como el mensaje de la Sabiduría Védicallega a través de los maestros espirituales, al ser humano sólo le queda rendirse a su voluntad. Ello debe constituir una tarea diaria, continua, que proporcionará felicidad. Por el contrario, cuando se es negligente con el servicio al maestro, primando en la vida las cosas mundanas, aparecen los vacíos, la lejanía del servicio y la desdicha.

Para que las relaciones en el mundo se purifiquen, es necesario superar el egoísmo y entregarse a Dios. Así, la relación con los hijos debe orientarse de tal manera que ellos conozcan a Krishna; la relación entre esposos tiene que permitir que Krishna disfrute como centro del hogar. Los esposos deben servir al Señor y complementarse en el servicio. En la relación con los amigos, con quienes se comparta la misma causa, la misma meta, la idea es realizar conjuntamente cosas para el Señor.

En sentido general, la mejor manera de servir a las personas es recordarles a Dios y ofrecerles prasadam, haciendo cualquier cosa que los pueda elevar y sacar de la ignorancia o de situaciones desagradables. Se sirve a Dios al servir a los demás. Amar a Dios implica amar su Creación. Es necesario amar a todas las entidades vivientes para no cometer más errores asociados con el egoísmo; así mismo, es vital estar pendientes de Dios y corresponder las relaciones amorosas y los compromisos.

Todo tipo de ignorancia de los cuidados que comportan las relaciones, se puede corregir estudiando los libros de vaishnavas como Srila Prabhupada, al igual que la Sabiduría Védica, pues ella ilumina los aspectos de la vida.





Fuente: Colección Sabiduría Védica
Autor: Swami B.A. Paramadvaiti