5 de marzo de 2015

Iluminar el camino del otro

 
Cuando un ciego se despedía de su amigo, éste le dio una lámpara.
“Yo no necesito una lámpara, pues para mí, claridad u oscuridad no tienen diferencia” -dijo el ciego.
“Lo sé, pero si no la lleva, tal vez otras personas tropiecen con usted” -dijo su amigo.
-"Está bien"
Tras andar en la oscuridad tropezó con otra persona...

-“¡Uy!”-dijo el ciego.

-“¡Ay!” -dijo la persona que había chocado con el ciego en la oscuridad.

-“¿Usted no vio esta lámpara?” -dijo enfadado el ciego.

-“¡Amigo! Su lámpara estaba apagada”

No sólo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para sí mism@y para que sea visto por otros, aunque aparentemente no lo necesitemos.
¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás! Sin fijarnos si lo necesitan o no. Llevar luz y no oscuridad…
Si todas las personas encendiéramos nuestra luz, el mundo entero estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad!
Tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer. Está en nosotros saber usarla…
Haz la parte que te corresponde.